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CARA DE

Planta

La soledad siempre ha parecido ser el tema con el que el humano, por individual y colectivamente, irónicamente, parece estar peleando. Hemos pasado a través de los años entre dudas filosóficas, espirituales y físicas, el significado de estar solo. Queriendo asumir todo lo que ello significa nos encontramos con heridas que se sufren al estar en este estado, tal vez por lo profundo que nuestros pensamientos pueden hacernos llegar, tal vez porque es encontrarte crudamente contigo mismo y todo tu propio mundo, una construcción propia, buena o mala, pero propia. Asumes tu moldeamiento propio.

¿Dónde comienza este moldeamiento? ¿Vendrá desde la unión de células? ¿O en kínder cuando te roban tu primer lápiz de color? ¿Qué será aquello que nos comienza a dar forma? ¿Será que en esta formación comienza nuestra soledad?

Tal vez podamos encontrar la respuesta en nuestros propios pies, en la tierra que nos sostiene. Pues bien, sin ella ningún moldeamiento tendría lugar para siquiera sostenerse. 

Y ya que nos encontramos temáticamente en Oaxaca podemos hablar de los mitos mixtecas que atribuyen el origen de la existencia, sin ser coincidencia, a la tierra y el agua, que son los dos ingredientes principales del trabajo de Cara de planta. Su trabajo forma “amigos”, que parecen recordarnos que la soledad puede ser un proceso más figurativo de lo que tendemos a aceptar, así como el mensaje implícito de que el moldeamiento por sí mismo y en conjunto, paso por paso es lo que nos forma. Más allá de determinar qué momento exacto es el que lo comienza o el que le da significado, nuestra respuesta se encuentra en la suma de todos nuestros elementos, siendo tal

vez la misma respuesta a la tan inminente soledad; la suma

de quienes somos, lo que hemos hecho, lo que hemos presenciado,

lo que hemos sentido… ¿no nos habrán formado completos? 

Estos “amigos” tienen la peculiaridad de tener aquello que tanto señalamos faltante en los objetos, un rostro. Que no solo figura como decoración del trabajo, cada rostro simboliza verdaderamente el concepto de un rostro, podemos buscar la historia detrás de cada uno de ellos, justo como con una persona. ¿Quién será o quién habrá sido? ¿qué estará pensando? ¿Cuáles son sus gustos? O si estará enojado. Pues siendo conscientes que la intención que hubo detrás en su producción viene llena de todas estas dudas es imposible negarse a buscarles respuesta. La línea entre objeto y humano se vuelve estrecha, la esencia en el objeto es profunda y la compañía se siente. Las tazas ya no son solo tazas, los vasos mezcaleros no son solo vasos mezcaleros y las macetas se vuelven algo más que un recipiente de plantas. El contenido de cada uno de estos recipientes toma personalidad, no solo por los rostros y su gran esencia; los colores armonizan con las formas, con el origen de su creación y sobre todo armonizan las imperfecciones mismas del existir de cada rostro. Dicha armonización permite que la compañía que brindan estos amigos sea verdadera y te encuentres rodeado. Esperar la perfección de algo con tan gran esencia le restaría a la misma.  

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La compañía de los amigos, nuestros amigos, día a día es de aquellas cosas que parecieran ser un pequeño regalo de la vida pues se suman a este moldeamiento constante, que hacemos de nosotros mismos, a través