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obra: Bryantepec  

por:  Diozoze

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boca (nada)

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Captura de Pantalla 2021-02-24 a la(s) 2
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Sigmund Freud, dijo alguna vez, que realmente no deseamos algo, sino que deseamos desear, es decir, deseamos el deseo por encima de lo que sea el objeto de deseo (vaya! qué lindo trabalenguas!).

 

Recuerdo cierta época en especial cuando me encontraba navegando entre tantas bocanadas,  lo horrible que sabía el tabaco; lo aferrado (vicioso) que me mostré para terminar de fumármelo; sólo  quería seguir fumando sin realmente prestarle atención al mal sabor,  olor, apariencia, composición y demás características del maldito cigarrillo.

 

No fue hasta que, mis manos apestaban y no había nada restante más que la colilla de ese bastardo, cuando por arte de magia, apareció  en la puerta del edén, un vacío existencial satisfecho con mi última bocanada (seguramente Freud podría explicar mejor que yo qué onda con mis ansiedades orales). Aventé el cigarrillo al asfalto y mi vacío volvió a v(a/i)ciarse, y así continuamente redundantemente hablando.

¡Compañía! ¡Admiración! ¡Lujos! ¡Vanidad! ¡UNA NOVIA! (Nunca está de más)¡Sexo! Drogas!

 

Inserte miles de cosas más:__________________. 

 

Volvamos a mi experiencia tan especial. Recuerdo que cada bocanada tenía un sabor tan exquisito dentro de mi boca, similar a una bruma de paz que al salir de mis labios demanda ocupar todo el espacio frente mío.

 

La boca se vuelve egoísta, baila frente a mí, sólo quiere que yo sea el único que le preste atención, demanda que todos mis sentidos sean sólo para ella, y emana ese deseo que simboliza lo efímero.

 

Realmente no sé si sea saludable brindarle a mi boca este tipo de placeres, no sé si sea lo mejor para  alguien como yo; es inevitable amar la sensación en cuanto mi boca lo saborea:  nos hacemos uno con el humo, serpenteando la razón de todo aquello que se esfuma por la inmediatez del placer.

 

Aún después de que ya no es siquiera visible aquella bocanada, quedan restos de memorias de lo que fue pasear con tan hermosa compañía.

 

Perooo…

 

¡La verdadera cuestión es la demanda exhaustiva de terminar el maldito cigarrillo!, ¡qué carajos pasaba por mi mente si mi boca gritaba en silencios que le sabía horrible! Él sólo quería desaparecer de mis manos y volverme a dejar, dejarme insatisfecho con mi vacío… de nuevo.

 

Pero, supongo que es la maldita misma demanda que todos padecen, ¡esa misma demanda que le exige al mosquito beber sangre! ¡la maldita demanda del alcohólico de seguir bebiendo aunque ya nada tenga sabor! ¡la del rico de seguir haciéndose rico! ¡la del religioso seguir rezando! ¡la demanda maldita de la vanidad en las redes sociales!  ¡la del humano de seguir viviendo! ¡LA DEMANDA ES UN PERRO Y EL DESEO ES SU CORREA!

 

Bryantepec sabe de lo que hablo, él sabe perfectamente de lo que estoy hablando, incluso parece que hemos escuchado las mismas canciones de Gustavo Ceratti.

 

En estas obras me hace pensar en lo loco que es siempre estar en busca de un placer, especialmente oral. En el reflejo de la caguama siento el apetito de los labios de ese humano (me ha pasado), que desea un trago de una cerveza fría, que la bebe  con la mirada, o la cerveza a él, ¡qué importa!, siente su hambrienta sed.

 

Aquel mosquito está confundido porque percibe que ese sabor metálico de la avaricia no es el mismo que el de la sangre recién bebida; esa mujer de uñas desgastadas prefiere seguir el amargo camino del gustoso alcohol que a comprar un esmalte nuevo, sabe que no existe comparación entre el grado de placer que cada uno le otorga: verse bien vs sentirse “bien”. 

 

Se venden corderos y bacalao en nombre de Dios, se castigan sus compradores si sus palabras son escuchadas por él , pero él  nunca aparece pero sí que demanda y exige.

 

Ten cuidado con lo que deseas, recuerda que las palabras se hacen carne, el  pez muere por la boca, y todo lo que digas será usado en tu contra. 

 

No tengo ninguna duda de que Bryantepec sabe de lo que estoy hablando. Su arte es manifestación de la insatisfacción necesaria de placer que todos hemos llegado a padecer, y eso mismo, la hace placentera, incluso provoca un intenso apetito. Pero, entonces, me pregunto: ¿si tenemos arte para pensar en todo esto, apalabrarlo y hablarlo… expresarlo, por qué carajos lo prohibiremos? 

 

El arte ha llegado para degustarse en su expresión misma y las obras de bryantepec me enseñan  una mejor alternativa para seguir saboreando mi vacío, para seguir luchando contra estas ansiedades orales que me inspiran a tornarme un sujeto voraz y devorar toda experiencia de vida.

 

 ¡Vaya que se me ha antojado otro asqueroso cigarrillo! 

ESCRITO POR: Diozoze.