berman

dANIEL

El teatro de lo humano

A decir de Shakespeare, el mundo entero es un escenario y todos somos sus meros actores. Esta noción del Theatrum Mundi expresa la siniestra idea de que los humanos funcionamos como marionetas; que, en efecto, la verosimilitud tiene un matiz literario. El mundo tiene una consistencia teatral. Platón lo discutió en sus diálogos vía la voz de Sócrates. También lo soñó Calderón de la Barca y ahondó en ello Balzac en su comedia humana. ¿No es, en cierto sentido, esa justamente la pugna del gran doctor Fausto, sobre todo vía la pluma de Marlowe? ¿No es esa la magnánima apuesta de ambas voces, la divina y la demoniaca, quién movilizará el teatro interno del doctor, quién ejercerá mayor influencia? Dios o el Diablo; lo humano o Mefistófeles; la humanidad o la arrogancia. Finalmente, fue necesaria la llegada de un gran maestro de la sospecha para advertirnos inesperadamente que el teatro del cual hablaba Platón era también uno interno: ese hombre fue Sigmund Freud.

Primero Freud nos destruyó nuestra idea unitaria: no hay una sola voz en nuestro edificio psíquico. Son decenas de aspectos, con funcionamientos propios y deseos, los que coexisten internamente. Después a aquel empuje anodino Freud le puso un nombre más ominoso en 1923 tomado de un libro de Georg Groddeck: el Ello.

El Ello tiene una resonancia impactante. Una fuerza ignota que, desde las profundidades, nos dicta sus designios. Naturalmente, como Fausto, no somos pasivos ante sus arrebatos. Sin embargo, su potencia es avasalladora; su persistencia, infinita. Justamente como lo anuncia Freud: el inconsciente implica que el yo no es dueño ni señor de su propia casa. La infinitud del psiquismo humano es tópica, es geográfica, es teatral. Similar al cuerpo taoísta, el teatro interno tiene recovecos, cuevas, montañas, mares, ríos. De momentos soy Edipo, celoso, asesinando a Layo y, sin saberlo, cerrando mi destino; de momentos soy Telémaco, indefenso, esperando como un crío el regreso de mi potente padre. El paradigma del guión inconsciente es el teatro.

por:CÉSAR VALDÉS

Otros grandes le siguieron a Freud: Klein argumentó que las instancias psíquicas, en efecto, eran homúnculos. Donald Meltzer aseguró que el psiquismo tenía la consistencia de una geografía y que así podía ser entendida y analizada. El psiquismo es, sobre todo, un lugar. Joyce McDougall nos propuso pensar nuestras cesuras psíquicas como personajes al más puro estilo teatral. Cada uno de nosotros- dice McDougall- alberga en su universo un número determinado de personajes que actúan en contradicción. Nuestro mundo interno, con su repertorio repetitivo busca constantemente un escenario para proyectar el drama de dentro. 

¿Cuál es el drama que subyace en las obras de Daniel Berman? No lo sabemos, las figuras se entremezclan, se superponen, no es, en este caso simplemente un drama interior. Es la multiplicidad, es polifónica, distintas voces que buscan hacerse escuchar, y el espectador resuena el caos. 

QLM2.jpg

Daniel
Berman

arte y 
cotidianidad

Santiago
diablo

Matamoros
404

Guadalupe Salgado

Joel
merino