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Guadalupe

Salgado

Partes incómodas

II

En un estremecedor relato, Arthur Machen cuenta cómo lo realmente malvado emerge de lo cotidiano. Ahí donde las rosas más bellas empiezan a hablar dulcemente, ahí está lo terrorífico. También se encuentra en lo demasiado pequeño o exageradamente grande. Basta con recordar Alicia en el país de las maravillas para hacer emerger la sensación de la que escribo. Ahora bien, teniendo en cuenta esa extraña impresión, imaginen unas manos animadas -sí, como de las caricaturas de antaño- que se fusionan con lo cotidiano y que penden de una tubería. Imaginen que poco a poco unas manos bidimensionales se fusionan con nuestra dimensión 3D.  Mejor aún, imagina un pie bidimensional y animado sobre un montón de piedritas en 3D. ¿Qué será? ¿Un muerto, un desaparecido, algún asfixiado por la ciudad? Tal vez nada, pero la imagen por sí misma es sugerente. 

Reflexiones en torno a la obra de: Guadalupe Salgado 

I

La premisa de Tokyo (2008) reside en una pregunta: ¿Qué nos moldea? ¿Nosotros a la ciudad o la ciudad a nosotros? En esta película se teje una crítica hacia el capitalismo feroz, la mecanización y la pérdida del cuerpo. Tokyo es el pretexto para ilustrar cómo no hay diferencia alguna entre una silla, un brazo, una pierna, un edificio o ventana. En el caos de las ciudades tumultuosas se aprecian sólo piezas metonímicas de lo que un día fue el ser humano. Sin problemas una mujer se convierte en una silla: usada, moldeable, reemplazable. La ciudad es el espacio ideal para los cuerpos fragmentados que de tantas rupturas poco a poco han dejado de habitar y representar. 

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III

Hace 13 años, el director de Parasites (2020), Bong Joon Ho, ya jugaba con las personificaciones de los objetos o con la objetivación de las personas. (Elija el término que mejor le convenga).  Lo mismo ocurre si se mira con lupa la obra de Salgado. Parecería un sin sentido, un juego de dimensiones, una permanente obra negra que resalta o borda los conductos: intestinos o tuberías. Mejor aún, les da voz y personalidad. ¿Qué no es acaso eso de lo que hablaba Machen? Los conductos yacen en lo subterráneo, desde ahí dan vida y fluyen.  Nunca son evidentes por ello me incomoda el objeto y sus partes.

IV

Cualquier cosa puede pasar, reza la obra en algún rincón, yo diría: “Cualquier cosa desmembrada puede ser”: La realidad, los cuerpos, el planeta, la ciudad. La suma de las partes ya no es un todo, sólo pedazos que se esconden cada vez más. En el cuerpo humano, el corazón no sabe que es parte del cerebro. En la Ciudad, una parte es el Montalbán de los turistas y otra el robo de agua. Cada día somos más pedazos. menos cuerpo, menos ciudad, sólo trozos del  planeta. Tokyo, Machen y Salgado comparten la miniatura y la grandeza que incomoda; personifican los objetos y dan voz a partes. Eso o tal vez nada tienen que ver. 


 

 Como pedazos de cuerpos: pies y manos perdidos, mimetizados con el espacio y evidenciando algo que quisiera olvidar: el tiempo que se escurre que se va y no es porque ya fue y está siendo.

por:Prag_ 
Shoshana

arte y 
cotidianidad

Santiago Diablo

Matamoros
404

Guadalupe Salgado

Joel
merino

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