Nuestras manos

Antonia Ruanova

Cómo personas, solemos tomar el cuerpo por sentado. Pensamos que pase lo que pase, nuestro cuerpo siempre estará ahí con nosotros y en el momento en el que ya no lo esté, estaremos muertos. No pensamos en si algún día llegaremos a perder una parte de él, porque “seguramente eso no me va a pasar a mí”. No pensamos en cuándo va a dejar de funcionar igual, porque “faltan muchos años para llegar a la tercera edad”. Sin embargo, nadie es sabix, nadie sabe en qué momento las cosas van a cambiar para siempre. Es más, para muchas personas, esto sucede cuando no lo esperan, y en el momento en el que algo empieza a andar mal con su cuerpo o pierden una parte de él, se molestan justo por eso, por haberlo dado por sentado. De hecho, estas personas que vivieron lo inesperado, suelen decirle a su gente cercana, cuídenlo, aprovéchenlo, porque no saben cuándo las cosas serán distintas. Nuestro cuerpo es nuestro santuario, gracias a él, podemos ser parte de este mundo, conocer a las personas que conocemos, vivir y experimentar la vida. 

Cada parte de nuestro cuerpo esté en el estado en el que esté es mágico y eso nunca debemos darlo por sentado. Una de las partes que más utilizamos a diario, para aquellos que las poseen, son las manos. Las usamos para agarrar cosas, para sentirlas, y para hacer prácticamente todo aquello que debemos hacer a diario. Para las personas que no las poseen, los que sí, no logramos entender como logran hacer las cosas del diario y nos asombra su capacidad de adaptarse a un mundo que no está adaptado a ellxs.

RAFAEL TELLEACHE