El paraíso 

Artista: Jean-François Millet

Texto: Dávila Onofre

Cuando veo las pinturas de Millet caigo en la cuenta que algo de ellas me gusta, me cautiva, qué es? qué es lo que me gusta de los campesinos en desgracia? de los provincianos pobres? o es la escenografía lo que me gusta? los paisajes que transmiten "paz", "tranquilidad"? es mi visión de ciudadano, de no provinciano lo que me hace querer ver allí, detrás de la pobreza, la tranquilidad de un paisaje sin edificios, sin autos, un paisaje no saturado, poder ver el horizonte sin obstáculos, sin interrupciones. 

Pero incluso en esos lugares, donde los campesinos idealizados de Millet rezan al medio día y el sol parece coronarles, sí hay algo del paraíso que alguna vez fue prometido; hay algo de placer y disfrute que las ciudades no pueden ofrecernos, incluso en esos pueblos con caminos mal pavimentados y perros flacos.

yo recuerdo el bienestar del maíz y de los jitomates, recuerdo la primera vez que fui de su mano, porque ella me sostenía pensando que yo podía tener miedo, o que no me gustaría en lo absoluto, porque yo todo veía con mis ojos de ciudadanía, con mis ojos de edificios, ritmos apresurados y obsesión por el control, por las líneas rectas y pulcras, por los caminos bien trazados.

allí, en medio de un pequeño pueblo vi el paraíso. un paraíso imperfecto. un paraíso de todo cuanto aspiramos. la provincia es ese lugar al que nadie aspira, no es un lugar paradisiaco, ideal o perfecto, no. la provincia es un lugar incierto, donde un perro te puede morder, donde las flores están marchitas junto a las del invernadero.

el paraíso que yo recuerdo está lejos de la ciudad y su incesante necesidad de orden y coherencia, constancia y otros valores capitalistas. la provincia es un mundo humano, que va a otro ritmo, a otra velocidad, a diferentes intensidades y sin muchas pretensiones. allí me enamoré más de ella, entre jitomates, habas y aguacates.

mientras pensaba en el paraíso escuchaba, una y otra vez, toy de Chromatics

tengo la impresión que el campo, la no ciudad, la provincia a veces se idealiza, con las puestas de sol y los atardeceres, el paso lento del tiempo y pequeños fragmentos de ciudad y esnobismo en él: una copa de vino frente al campo, una charla en el porche de una casa en medio de la nada, un pueblo "mágico".

pero el campo que yo recuerdo, la provincia que viene a mi mente es la de calles medio pavimentadas, tierra, polvo y hierba mala invadiendo los caminos, perros flacos, hambrientos.

Los campos perfectos de los comerciales de jumex o los viñedos, o los cuadro de Millet no son el paraíso en la tierra; el campo, la provincia rural es el trabajo desde la madrugada, hacer a mano, esfuerzo y, en muchos países, también es pobreza, y en otros está la base de la riqueza.