Carne

Artista: Chaim Soutine
Por:  Dávila Onofre

Nunca antes había conocido las entrañas de alguien. nunca antes había querido que alguien mirara las mías, ver la suciedad que se desprende en mí, mis peores momentos, mis peores sentimientos. porque entonces aquello que se veía de mí, mi exterior, mis ideales construidos con el tiempo, se deformaría: y, por supuesto, lo que yo veía de ella también se deformaría cuando mirara dentro.

Tal vez falten agallas para mirarse las entrañas y mirar las entrañas de otra persona. a mí se me acabaron las agallas porque de mí ya lo sabía y simplemente dejé que ella mirara pensando que mientras pasaba el tiempo yo podría mejorar todo eso que apesta en mí, que estando con ella haría de mí una versión menos deformada, o deformada de otra manera, digamos aceptable.

La deformidad es simplemente visceral. nadie puede más que tolerar esa deformidad de la persona que amamos, acostumbrarse o mejor vivir el amor como se hace contemporáneamente: sin dejarse ver las entrañas, viviendo completamente en ese mundo de sujeciones y entretenimientos que nos permite adaptarnos sin tener que escupir lo que somos u oler al otro.

Ella y yo lo prometimos, prometimos que veríamos y provocaríamos lo peor de cada una, como si eso fuese una virtud. nos aventuramos a creer que mirar las entrañas del otro nos llevaría a una relación de amor que soportaría entonces otras emociones.

Pero nuestras entrañas estaban llenas de esas mismas emociones que nos deformaron. no hay nada de bello en las entrañas de la otra persona, sólo es carne que cuelga, la artificialidad del amor consiste en evitarnos ese dolor que causa mirar adentro y dejarse mirar.

Aunque supongo que habrá los que piensen que a ellos no se les pudren las entrañas. ingenuidad, snobismo, cinismo, quizá inocencia, adaptados que apestan los cuartos circundantes.

En Soutine sólo hay deformidad, figuras grotescas que dejan ver las entrañas de la carne que camina diariamente. importa poco que sean figuras que usualmente idealizaríamos, como una madre sosteniendo a su bebé o una niña volviendo del colegio, una anciana, o quien sea; en soutine no hay ideales, sólo hay deformidad, y desencanto, un desencanto casi natural de las entrañas que se pudren dentro de nosotros cada día que pasa, aunque nos esforcemos por no permitirlo, aunque el capitalismo en el que vivimos se aferre a no dejar salir el olor a putrefacto, aunque se aferre a aromatizar todos los espacios en los que vivimos, y a operar cuanto pueda de nuestros cuerpos, a idealizar los trozos de carne que somos.

Escuché mientras escribí el soundtrack de THE LEFTOVERS de Max Richter.

 

vi tus entrañas y dejé que mirarás las mías. después no soporté la idea de no ser más que un pedazo de carne colgado para tus ojos.

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