Una playlist para la destrucción

Artista: Claudia Blanco
Texto: Mayte Cervantes

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Vivimos en un planeta tan nefasto que no le da a la música la importancia que verdaderamente tiene, ahora todo funciona como música de elevador ¿si me entiendes? hay música para dormir, musica para cenar, música para barrer el piso con el culo, música para leer y estudiar, música para meditar, música para escuchar en familia, música para cog**r, música para drogarse y música para poner de fondo en las fotos en calzones que se suben a instagram. Cada uno posee su propia cajita de música ¿se imaginan un mundo en el que todos tuviéramos que soportar la música de los demás todo el tiempo? ¡Qué vintash!

Hace ya mucho tiempo, en alguna de aquellas clases que ignoraba en la escuela por esforzarme en obtener más seguidores en mis redes sociales, escuché que en la antigua Grecia la música era utilizada para educar a las personas, o al menos era lo que algún filósofo loco pretendía (¿se imaginan qué diría si nos viera perreando hasta el piso?). Para ese viejito, la música era una especie de canal que conectaba con el alma, de manera que se podían “exaltar” ciertas partes de ella con ciertas escalas y ritmos. Justamente por eso era necesario un gobernante que  cuidara qué escuchaban las personas, su alma era algo que estaba en juego. Actualmente eso no pasa, gracias a nuestro Dios la Selección Natural, los seres humanos hemos logrado deshacernos de eso, de nuestra alma, para volvernos seres que nacen para morir y que deben disfrutar su vida mientras puedan (o no hacerlo, ahí están los pesimistas) por eso es que podemos escuchar lo que queramos… 

Eso era lo que pensaba mientras buscaba una lista de reproducción en Spotify, porque ustedes me verán muy superficial y lo que quieran, pero a veces me da por pensar cosas sin sentido. Mientras más buscaba menos ganas me daban de escuchar algo, hasta que encontré una lista de reproducción llamada “Cristal-Destrucción / una playlist para la destrucción” hecha por Claudia Blanco. Revisé rápidamente las 9 canciones que la componen y noté que la primera llamada Opr tenía mi "me gusta" por lo que decidí darle una oportunidad a las demás. 

Como ya les dije, la música actualmente tiene una función parecida a la música de elevador, es decir, muchas veces suena en el fondo de la habitación mientras hacemos otras cosas y muy pocas veces prestamos atención, esa vez la descargue y me la llevé en mi caja de música portátil hasta el gimnasio. 

Entré al lugar, me quité la sudadera y decidí comenzar con mi calentamiento, no sin antes ponerme los audífonos, pues la recepcionista del lugar, que también es encargada de poner la música, tiene un gusto pésimo y gracias a estos maravillosos inventos ya no tengo que soportar lo que pone. Puse la playlist recién descargada, subí a la bicicleta fija y comencé a pedalear. La primer canción me gusta bastante, Gesaffelstein es un compositor francés de música electrónica que sí, suena bastante hipster, pero también es bastante bueno. Con la segunda canción ya comenzaba a ignorar el dolor de mis piernas, estaba sumergiéndome completamente en la música. Al bajar de la bicicleta ya iba por la quinta canción, alcé una de aquellas pesas que buscaban tonificar mis brazos y al ritmo de Woohoo cayó sobre uno de esos grandes espejos que cada día me recuerdan que mi cuerpo no es lo suficientemente bueno.

La música con ritmos ochenteros no suele ponerme en ese estado, sin embargo,  sentí la necesidad de arrojar todo, hasta lo que nunca había aguantado y destrozar el maldito lugar que más que curarme de mis complejos me creaba más, nunca sería suficiente, así que arrojé al entrenador -cuatro veces más grande que yo- hacía una fila de aparatos carísimos y al ritmo de la música destrocé todo el local.

Cuando abrí los ojos la playlist había terminado y obviamente no había destruido nada, todo estaba igual y mañana iba a seguir de la misma manera, no sé si la lista de reproducción de Claudia había provocado en mí todas esas sensaciones o sólo me sugestione por el título y las ganas que tengo de que todo el mundo se acabe. A lo mejor si es cierto eso de que la música mueve algo en el alma de las personas, a lo mejor la destrucción no viene en el death metal que escuchaba a escondidas en la preparatoria y todo el odio del mundo puede ser encontrado en who loves the sun de Nu, Joke. Como sea, tal vez quieran escuchar la famosa lista de reproducción y contarme qué es lo que provocó en ustedes o si no provocó nada, está en el siguiente enlace:

https://open.spotify.com/playlist/69W9gd1fVO3ELCAB8LwtqC?si=HS3fjsCzTnu8Ua_SqPSYAQ 

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