¡Córtenle la cabeza!

artista: David Fallow 

por:   Ale P

Debo confesar que nunca he visto una película de Harry Potter. Y no porque no me llamara la atención verlas,  mi mamá me lo prohibía rotundamente porque son “cosas del diablo”. La magia, y todo lo místico que desafíe la palabra de Dios eran temas que eran motivo de evasión dentro mi familia. 

He notado en ciertos círculos sociales que no creemos en la Iglesia, ni en las imágenes, ni en los santos, no encontramos sentido rezarle o poner nuestra suerte a una figura de cerámica, o a un hombre clavado en una cruz. Desde pequeña tuve ese conflicto con la iglesia, mi familia paterna es muy católica, y me trataban de inculcar eso, pero yo no me sentía cómoda yendo a misa. Cuando mi abuela paterna me pedía darle un beso al niño Dios, me parecía ridículo que mis labios tocaran la frente de un muñeco de plástico. En relación a la religión y magia, es curioso que ambas requieren de la fe para practicarse y simultaneeamente se lleven tan mal. Basta con recordar aquellos tiempos donde la Iglesia perseguía y castigaba a las personas que llevaban a cabo prácticas impuras, retando lo natural o lo “correcto”. 

El encuentro más cercano que tuve con la magia fue en una reunión de zoom donde una amiga se puso a leer cartas de tarot, un don que según había heredado de su abuela; yo me conformé con escuchar la fortuna de mis amigos, pero preferí no tomar turno en ello. En realidad tenía miedo de que me saliera el combo de cartas que significaban la muerte. Sin embargo, la magia más que se algo práctico es poético, más que seguir una serie de ritos y pronunciar palabras, se trata de un acto de fe.

David Fallow, hace magia, por fortuna, no mediante las cartas ni ha de presumir que su talento viene de sus antepasados.  Su magia, su potencia creativa descansa en el simbolismo, donde el signo se transforma en realidad o en un objeto dentro del espacio. A partir de la convenentia, es decir la coexistencia de dos cosas en ese espacio en blanco, acaban por asemejarse y crean o deconstruyen un significado preestablecido. El trabajo que hace David Fallow (@davfallow) es magia porque interviene lo común para deshumanizar, satanizar o enaltecer el misticismo de las cosas, transgrede aquellas normas o reglas que la costumbre establece. 

A través del collage, David nos presenta entidades religiosas y desafía la divinidad de las mismas, podría hablarse de un detrimento a la imagen que la mayoría de las personas tienen de estos personajes, esencialmente en nuestro país donde el catolicismo es la reina de las religiones, como en su obra “El profeta del mal” donde la cabeza del sacerdote es reemplazada por animales que podemos considerar astutos, venenosos, incluso peligrosos, o “Ciencia ficción” donde Jesús aparece como ser de otra dimensión asemejándose al Hitler hechicero (“El hechicero”). Mientras estigmatiza todo lo referente a la religión, glorifica lo común, y le otorga un sentido místico, etéreo. 

David comparte mi sentimiento respecto a las imágenes religiosas y el culto hacia estas, por lo que no se inmuta al cortarle la cabeza a Jesús como lo hace en “Black virus”, sugiriendo que para David la religión carece de sentido y la identifica como una especie de virus que debilita la razón y hace que las personas pongan a merced de un milagro su propia vida. Imagínense el revuelo que hubiera causado en los tiempos que les platicaba, probablemente la cabeza cortada sería la de él. Afortunadamente estamos en el siglo XXI y quizá en mi cartera no cargaré con la estampa de San Juditas Tadeo, pero en su lugar se encuentre alguno de los seres místicos que David, a través de su magia, ha traído al mundo.