obra: el calpuleque

texto: mujer ladina

Dar el rol por el Centro de la Ciudad de Mexico es una experiencia verdaderamente rica en sonidos, conocimientos y sabores. Un aspecto particular que muestra el Centro, es la cantidad de “oficios urbanos” que podemos apreciar cuando caminamos por las calles. Desde la persona que carga grandes y pesadas cajas en su “diablito” dejando impactados a los sujetos que se consideran fuertes, hasta la posibilidad de encontrar un pasillo entero dedicado exclusivamente al cuidado y bienestar de las manos y pies.

Todo eso es lo que podemos encontrar en las colonias populares, donde la gente busca algo bonito y barato como dicen los comerciantes que están mezclados entre los clientes. Ir y ver las formas en las que funcionan los grandes negocios y sus trabajadores es en sí misma, una experiencia que te hace caer en la tentación de consumir. 

Podría decirse que el equivalente a una gran plaza comercial hecha para ricos, es el tianguis a mitad de cualquier colonia, aunque ésta  marca una diferencia en relación a las clases sociales. Hace poco, andando por la Lagunilla, me encontré con bastantes niños/as fresas que iban en busca de antigüedades y cosas para adornar su casa donde se forma una tensión de masas hasta  convierte en una mezcla de clases sociales, aunque debo decir que se nota quien viene de Cuautepec y quien viene de la colonia más exclusiva de la Ciudad, sin embargo, eso no parece importar ya que todos se unen para saber quién es el maestro del regateo. Vengan de donde vengan, los dos estratos sociales comparten la clara idea de que comprar  antigüedades que da estatus y reputación entre sus allegados. En cierto momento, las clases sociales se mimetizan entre sí hasta que la masa se forma. Se puede apreciar que la Lagunilla deja de ser un lugar de la diferencia, cantidades exorbitantes hacen que la movilidad en dicho mercado sea casi imposible y que el espacio propio parezca sólo una idea.

Trabajar, correr y buscar, es lo que se percibe cuando uno se encuentra en la masa, al sumergirte en ella, te da la sensación de sentirse auténtico y al mismo tiempo, igual a los demás. Esto se debe a que hay una tendencia voraz a consumir debido a una incesante búsqueda de pertenencia, de identidad. La cotidianidad en el sujeto y como esos discursos políticos impactan en él se pueden observar al caminar en un espacio concurrido como lo es en la Lagunilla o en el centro de la Ciudad. 

Lo más sorprendente es notar que aunque exista el discurso de que somos distintos unos de otros, en algún punto la masa permite entender como comparten la ideología de consumo los que están implicados en el fenómeno de la masa. Lo interesante es que ambos sectores, los fresas y los barrio pueden convivir “armoniosamente” aunque como dirían por ahí “juntos pero no revueltos. En estos espacios urbanos todos parecemos ser parte de lo mismo, un gran discurso de igualdad  hecho realidad.