Es un acto de rebeldía, pero no uno que pueda seguir.

Artista: Gallo de Oro
Por:  Juan sin Dios

 

De chiquito yo creía fielmente en las cosas mágicas y fantásticas. Cuando iba a los jardines, procuraba no molestar a los duendes que ahí habitaran. Siempre dejaba una ofrenda de comida para las hadas en los parques de mi colonia. Buscaba libros de encantamientos, cuarzos naturales, piedras mágicas, cualquier cosa que se les venga a la mente. Para mí, los relatos míticos, legendarios de otras religiones no eran ajenos; todo lo contrario, para mí eran evidencia de la existencia de los poderes mágicos en la tierra. Y si tantas religiones en el planeta tienen historias similares, ¿por qué no habría de ser cierto? Para mí, los milagros de Jesús no eran más que muestra de que un ser humano podía alcanzar grandes poderes. Mi madre siempre odió mis teorías extrañas en su afán de que mantuviera “en el buen camino de la fe”. ¿Qué diablos significa eso? “Buena fe”, como si el camino a Dios fuera uno.

      Con respecto a mi Fe, lo intenté de todo: alquimia, pociones, tarot, hasta magia negra. ¿El resultado? Nada, si acaso unas indigestiones cabronas y diarreas por tanta cosa rara que me llegué a tomas. Quizá lo único bueno que me llevé fue que mi cuarto ahora olía a hierbas e incienso, lo cual siempre era motivo de halagos cuando recibía visitas.

      Poco a poco deje de creer, quizá después de todo sólo hay un camino a Dios, o peor, no está Dios, o peor, existe y no le importamos un comino. Los duendes realmente son sólo ratones, las hadas sólo son las ardillas que se comían mi ofrenda y los cuarzos son bonitas piedras antiguas. Parece ser que, en nuestro afán de conocer el mundo, de dominar la naturaleza, todo perdió su encanto; o quizá sólo soy un inmaduro (o las dos cosas). ¡Hasta mi madre dejó de creer cuando mi padre murió de cáncer!

       Cuando vi la obra de Gallo de Oro, recordé mucho de ese pasado. Las imágenes aludiendo a cosas místicas, cosas mágicas, criaturas mitológicas, corazones sagrados y ¿por qué no?, un poco de esoterismo también. Es como si me hablaran de las antiguas artes perdidas. Los colores neón y brillantes, excéntricos como la fiesta de un santo. Los blancos y negros, sencillos y humildes como una misa de velorio. Pero definitivamente, a pesar de su pequeño formato, la obra que más me llamó la atención fue “Rebeldía”. Es como si esa obra me encarara; creo que hoy en día más que nunca, es considerado un acto de rebeldía tener verdadera Fe. Así que ver un rostro tan desafiante ante la adversidad me conmovió, y en parte me dio vergüenza por haber cedido tan pronto. Pero ¿qué más podía hacer si (los) Dios(es) no desea hablar conmigo? Gracias, Gallo de Oro, ahora ya no puedo sentirme cómodo en mi apostasía y alienación. 

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 Apostasía es cuando renuncias a tus creencias religiosas; Alienación es cuando pierdes el sentido de identidad y pertenencia a ti mismo o a un grupo al que perteneces. Básicamente, que estoy dañado pues.

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