Por: El Editor y Dávila Onofre

Manifiesto sobre

lo provinciano!

¿Qué va a querer? ¿Coctel de Elote, Trolelote o Esquites?

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Coctel de Elote

Hoy en día las personas están orgullosas de ser diferentes, de pertenecer al mundo de la diversidad.  Se ha puesto de moda alzar la bandera de la tolerancia, del respeto de creencias y del lema: “todas las opiniones son válidas” y los medios de comunicación aprovechan cada vez que se acerca una de esas fechas de “inclusión”. Cuando se movilizó la marcha LGBTTTI+, las grandes, medianas y pequeñas empresas se dieron a la tarea de ponerse la playera del arcoíris apoyando la igualdad de derechos, el respeto a la identidad de género y todos esos conceptos trivializados. Entonces se puso en marcha en las redes sociales campañas mercadológicas cobijando lo que es diverso y excluyendo a aquel que estuviese en desacuerdo o cuestionara lo que se estaba comunicando. Honestamente, se cree que la mente de un perro-humano posee ciertos dones, es verdad, la terquedad ha sido mi mayor virtud. Las implicaciones de mis actos me han llevado a estar en contra de la tendencias, en contra de lo underground, en contra de lo académico, en contra de los círculos literarios, y sin embargo, estoy en cada uno de esos gremios como si fuese un ferviente creyente. “Yo es otro”, una vez dijo mi tatarabuelo Rimbaud. Mandala que he practicado continuamente de manera religiosa y que me ha permitido medianamente comprender las opiniones de los otros aunque esto implique que las odie con toda mi alma.

Trolelote

Hay personas que defienden a capa y espada la posibilidades que brinda Google para encontrar la información que se desee. Es poco el esfuerzo mental que se requiere para darse cuenta que hay algoritmos hechos a la medida para que el usuario encuentre la información de acuerdo su perfil, aún así, existen muchísimas personas que se aferran a la idea de que el internet es una buena herramienta para buscar información. Hace unos meses publicamos en Instagram una obra de Amastique a propósito de la edición de dolor. La obra era una vagina realizada con papel maché, además tenía  una rajada en la parte inferior. Una lectora o mejor decir, ex lectora de la revista se quejó que últimamente ya se había cansado de ver en sus posts de Instagram vaginas por todos lados. Me tuve que ver con la necesidad de ser amable y lo que le contesté fue: la que busca encuentra. Minutos después, la usuaria contestó ferozmente argumentando que lo de las vaginas no era cosa suya, también había visto vaginas en formas de cupcakes y seguramente si ponían puros penes nadie se ofendía ¿Quién terminó ofendido? ¿la revista? ¿ella? ¿la artista? ¿Instagram? Nunca podré entrever cuál fue el disgusto de aquella usuaria, lo que sí quedó claro fue que cada quien vive encerrado en su mundo con sus propias leyes, reglas y dilemas morales. Da la sensación de que las personas-yo soy un perro así que al igual que el crítico estoy distante ante este conflicto- no están dispuestas a salir de su posición y escuchar lo que el otro tiene que decir, a menos de que el otro comparta la misma forma de pensar ¿Existe el otro? ¿Se niega? ¿se rechaza? ¿se anula? 

Ya traía la espinita de querer abordar el fenómeno del Otro pero sin llegar a ser una crítica pretenciosa ni banal. Para términos cotidianos, en esta edición no hablaremos de El otro como concepto, demasiado complicado de abordar para nuestros lectores que aún están en un estado de desintoxicación por eso de los memes, de la información inmediata y de la estupidez que se les sube como azúcar a las neuronas. Nosotros vamos poco a poco, acompañados de la cotidianidad ¿qué palabra se asimila al El otro y que sea familiar en el vocabulario de las personas?  Pensé en: lo extraño, lo raro, lo distinto, foráneo ¿provinciano? 

 

Provinciano: 

 

1. de gustos pocos refinados y exigentes, pasado de moda.

2. de mentalidad y costumbres poco avanzadas o modernas, propias de un pueblo o de una pequeña provincia, (o una ciudad no moderna incluso)

Esquites

Aunque la geografía, los mapas, el internet, nos muestran que vivimos en un mundo cada vez más conectado por carreteras, medios de transporte, aplicaciones de navegación y redes, hay una distancia enorme cuando se trata de conversar con una persona que trae posturas distintas;  la manera en que se mira al inmigrante; la ceguera que se experimenta cuando está presente la violencia sistémica de las clases sociales; el desprecio que despierta el que viene de un pueblo o de otro país y que lleva a la persona a cometer actos que ni un perro domesticado se atrevería a realizar tales como la humillación física y verbal. 

En las expresiones cotidianas y artísticas están las preguntas y planteamientos sobre lo provinciano en tiempos actuales. Los artistas y redactores que colaboran en esta edición crean no para complacer al lector, sino para confrontar, mostrar, describir las implicaciones que posee la palabra provinciano que es tan a menudo utilizada y tan fácil de olvidar. 

Si sabes en qué se parece el coctel de elote, el trolelote y el esquite ya estás del otro lado  para entrar de lleno a esta edición de lo provinciano.

Me gusta...provinciano. Término que desprecia al que viene de afuera ¿qué tipo de comezón le produce a la persona que es de una ciudad, una región y observa cómo se acerca la persona que es de otra ciudad? o peor aún ¿de un pueblo? ¿tendrá miedo de que le robe su identidad? ¿sus pensamientos modernistas? ¿que invada su espacio? ¿su idioma? ¿sus principios morales? Es contagioso. Las personas huelen a kilómetros de distancia  al que no pertenece a su comunidad, entonces se cierran porque el provinciano trae consigo una enfermedad más mortífera que el VIH. Tan solo basta recordar lo que sucedió unos meses cuando varias caravanas de centroamericanos cruzaron la frontera con el fin de vivir de manera más humana en los Estados Unidos. En redes sociales florecieron grupos que deseaban con todas sus fuerzas que esas personas regresaran a su lugar de procedencia “¿qué hacen aquí?” “Que se regresen a su país” “que trabajen allá” “malditos chimpancés” eran algunas frases que se encontraba uno en el mundo mágico de la libertad de expresión. Me parece que este fue uno de tantos fenómenos del provinciano pero llevado a un nivel de odio más primitivo. 

Historia de un provinciano en la ciudad (or an english man in new york)

 

No me parezco a mis vecinos. no tengo ningún parecido. pienso que soy diferente porque no nací como todos ellos, cerca de aquí. mis padres llegaron aquí, a la ciudad hace mucho tiempo, de hecho, cuando ellos llegaron aquí no se conocían, sus padres, mis abuelos, vivían en el mismo pueblo, lejos de la ciudad y ambas familias, sin conocerse decidieron venir a la ciudad, a probar suerte. mi madre era todavía una niña, mi padre se estrenaba en la pubertad. ambas familias se establecieron cercanas a una primera familia del mismo pueblo que antes había venido a la ciudad, al parecer aquella primera familia era toda su referencia de lo que significaba vivir en la ciudad, entre edificios y asfalto. 

 

Mis padres se conocieron en la escuela, los inscribieron en la misma escuela que quedaba cerca de la colonia donde ambas familias vivían. después, gracias a ellos, sus familias se enteraron que pertenecían al mismo lugar de origen. algo de eso enorgulleció a mis abuelos y aprobaron el matrimonio de los jóvenes. pero estos jóvenes, mis padres, decidieron volver a casa, a la tierra y al campo, donde ambos habían nacido, para así poder criar a su descendencia. allí nací yo y mis otros tres hermanos. 

 

Siempre que pienso en la historia de mi familia, pienso en que la diferencia entre foráneos y los originarios, es el sentido de pertenencia, tener la capacidad de renunciar a eso que dejaste atrás, a eso de donde vienes. mis padres nunca dejaron atrás aquellas tierras y por eso volvieron, pero hay quienes aún cambiando de dirección para siempre, jamás renuncian a su estancia primaria, como si allí dejaran algo y algún día tuvieran que volver por él.

 

El provinciano -que no pertenece a ese lugar, que  tiene el pensamiento limitado- no quiere ser como el que es de allí, y el que es de allí encuentra estas diferencias exóticas, peligrosas, divertidas, interesantes. ambos reconocen que uno no quiere pertenecer y el otro que no está dispuesto a compartir ese espacio sin esa condición, la de querer pertenecer.

 

Si no me parezco a mis vecinos, porque son diferentes a mí -años después de mi niñez decidí “volver” a la ciudad a vivir-, es porque no quiero dejar de ser ese extraño en el que me he convertido pero tampoco aceptar lo que soy en donde soy y lo que tengo. lo provinciano me convierte en extraño y allí logro diferenciarme, tanto de los que viven allí, como de los que dejé atrás, donde nací.


 

(fin del relato del provinciano)

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