Es difícil vivir

sin respirar

Artista: Mateo Jonard

Por: Señor N

Es difícil vivir sin respirar, agotador saber que algún día tendrás que enfrentar la realidad,  pesada cotidianidad de pasear en la ciudad y saber que es otro día más. 

Recuerdo bien cuando perdí la imaginación y tuve que acicalar el viento pesado de este país que se mantiene con las mismas ideas desde hace 10 años. Una década en la que también me he mantenido con las mismas ideas. Pero hubo un día que algo extraordinario sucedió:  

Esa tarde me encontraba caminando por la calle de Madero, si nunca has atravesado esta jungla urbana no puedes hacerte llamar ciudadano. Hay varias personas predicando su fe con veladoras frente al palacio de Bellas Artes, señores  robustos y de notable altura vendiendo libros, chicos y chicas patinando medio ebrios jugando a atropellar a los peatones, y uno que otro extraviado turista fotografiando los detalles barrocos de los edificios arrendados por empresas trasnacionales. Yo era alguien invisible, un anónimo en medio de la multitud, no sabía exactamente qué me encontraba haciendo ahí, varado entre de todas esas personas que tienen mucho por mostrar pero poco por decir. Supongo que yo también pertenezco a este grupo, sin embargo, me encanta la idea de resaltar mi inquietud febril frente esta sociedad que mantiene la esperanza en el gobierno, en su vida diaria, en sus creencias. 

¿Será que para algunos les resulta complicado aceptar que esta multitud ha sido organizada con la cabeza mirando hacia abajo? Con mentiras imperantes que revuelven ideologías provocando vacíos de identidad? Me pregunto si algún día, como en aquellas épocas, renacerán artistas, pensadores, no digamos personas, que busquen interpretar de manera diferente su contexto con respecto a la mayoría (?) Recuerdo que en el romanticismo existió la rebeldía por naturaleza, que a comparación de hoy los veo a todos tan tranquilos, respirando el smog, orando a sus santos, confiando en el noticiero matutino, “teniendo fe en que el mundo tiene que mantener una actitud positiva, leer más sobre la psicología de la felicidad”.

Creo que estos aires de pesimismo, respirar se me ha vuelto complicado No logró diferenciar si se trata de un ataque de angustia o de la toxicidad de la atmósfera.

Entonces me acuerdo de las  obras de arte que Mateo Jonard me mostró alguna vez.  Una en especial viene a mi mente: un ventilador que no puede girar porque está envuelto en cadenas. La función que tradicionalmente tiene de hacer que el aire circule para que se tenga menos calor, me hace estremecer que las cadenas no le permiten ejercer esa función, es como si fuese el reflejo de lo que siento intermitentemente cada que veo a esta ciudad que ha caído en decadencia . “Ya no puedes respirar, no puedes moverte”, ¿eso es el mensaje Mateo? ¿hay algo detrás? O mejor dicho ¿debajo? Cuando el asombro llega a mí, veo que la obra se complementa por las palabras que tienen impregnadas en las hélices de este aparato: “RESPIRA Y ACARICIA TUS ENTRAÑAS” Es como si quisiera recordarme que no todo es como lo creo, que esta fe ciega que creía haber perdido está en mis entrañas. Respirar es un ejercicio de FE. Puede que esté  condenado a mi libertad de interpretarlo como yo quiera, acariciando lo más profundo de mí, (claro, no hablemos del cuerpo por ahora) sino de las cosas que hacen que uno se encuentre bajo el hastío de la rutina, acompañado de la insatisfacción continua. Un ejercicio con base en la FE que permita acariciar mi pesimismo y me mantenga ensimismado en saborear las interpretaciones que se acomoden e incomoden mi vida.  

La cuestión con las obras de Mateo, es que quedarse con una vertiente puede llegar a ser un problema.  Creo que en eso radica la vida, una observación dinámica, un punto de vista cubista que nos regale la oportunidad de volver a respirar. Respirar lento, respirar hondo, no respirar, respirar con la boca, respirar smog.Espero algún día toda aquella multitud que se veía tan cómoda, se percate de que esta creencia de conformidad proviene de los aires tan elevados de la fe que permea nuestra sociedad.  

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