meando en la calle

artista: niño meando

por: Solrac

Juanito estira su mano. Tiene los cachetes pintados de rojo y una carita triste, deme de comer señor. Quítate imbécil, el semáforo está en verde pero sus hermanitos siguen bailando con esas nalguitas falsas. Su madre está sentada en la banqueta dándole teta a otro de sus hijos. Que te de teta tu madre, todavía estás a buena edad, a mi me dieron teta hasta los tres años. Tengo siete años, hijo de la chingada. Me escupe en mi cara, un poco de su saliva cae en mi boca, ciertamente no sabe a sal de mar. Lo empujo y cae de seco en el pavimento. Todos gritan, yo, la madre, sus cinco hermanos, menos el bebé que sigue en éxtasis. Acelero el motor, prendo la radio. Bla, bla, bla, bla, bla, bla Un niño refugiado de Somalia, un niño prodigio que habla siete idiomas, está estudiando Matemáticas Aplicadas en la UNAM, el hijo de puta tiene doce años, los compañeros de su salón lo molestan, le dicen negro, acapulqueño, negrito bimbo. Los conductores del programa piden a los radioescuchas juntar todas las firmas necesarias para que el rector sancione a sus compañeros ¡Expulsión! ¡expulsión! una de las conductoras grita frenéticamente, gime y llora, gime y llora, los demás gimen y lloran. Yo también me les uno, me fascina ayudar a las personas por las que siento lastima, soy el filántropo número uno de esta sociedad miserable, solidaridad para el negrito somalí, gimo y lloro, gimo y lloro. Apago el motor. He llegado al templo del rendimiento. No hay grilletes, no hay esclavos, solo morenos y blancos. Piso 16 por favor. Soy el intendente, hijo de tu puta madre, no tu sirviente. Qué es amable es usted, gracias. Música de jazz, tan-tin-tan-tun-tan. Que el elevador se caiga, que el elevador se caiga, creí haberlo dicho en voz baja. Los demás me escuchan, cállate, cállate, no atraigas los malos pensamientos, ley de la atracción. En efecto, la gente a mi alrededor huele a mierda, todo lo que atraigo es mierda. Hablando de mierdas, he aquí la mayor mierda que ha creado Dios. Es el jefe mayor, el capataz que mueve el dinero. Su oficina es más grande que mi departamento, siempre está sonriente con sus dientes blancos y los labios delgados, tiene un cabello castaño, ojos azules y corazón transparente. Él me dice: yo no oculto nada, he aquí mis ingresos, he aquí mi sinceridad, he aquí mi amistad, llámame Santiago. Ya no se les llama jefe, es ofensivo para nosotros. Tampoco se nos dice empleados, es igual de ofensivo. C-O-L-A-B-O-R-A-D-O-R. Apréndetelo bien. Ni siquiera es mi jefe, yo soy mi propio jefe, soy Amo y Esclavo. Pepe Grillo con esvástica, HEIL ERICK HEIL ERICK. Ponte a trabajar maldito negro. Sin miedo al éxito, papi. No pain, no gain. Frases motivacionales para no asesinar a mi jefe, perdón, a mí mismo:

La vida te pondrá obstáculos pero los límites los pones tú.

 

Tu único limite es tu mente.

 

Los 5 nunca de Steve Jobs:

 

NUNCA darse por vencido

NUNCA aparentar

NUNCA mantenerse inmóvil

NUNCA aferrarse al pasado

NUNCA dejar soñar

El bastardo ha venido otra vez, es el hijo de la secretaria y de Santiago. Todos los sabemos porque la secretaria es una indígena y Santiago es un criollo, así que el bastardo es un mestizo. Es como yo. Santiago me pide que le eche un ojo al bastardo, que se quede quieto, pero ya está muerto, tiene su cerebro fundido porque se la pasa pegado en el Ipad jugando al candy crush y minecraft. Puñetas, así le digo de cariño, mejor vamos afuera, vamos al parque, vamos a darle fuerza a esas manitas aburguesadas. Me lo llevo al parque. Corre, brinca, mata unos insectos, mira, te presto mi encendedor, quema un árbol. Se queda quieto, quietecito, lo empujo y llora en silencio. Entonces lo agarro de su camisa manchada de lodo y caminamos a la orilla del parque. En una pared hay stickers pegados, le muestro los que más me gustan. Me señala tímidamente el que más le gustó a él: es un niño de espalda que está haciendo de la pipí. Niño meando, está escrito debajo de la ilustración. Lo veo sonreír por primera vez. Me saco la verga y comienzo a mear en la pared, inténtalo tú, puñetas. No hay nadie viendo. Se la saca y al principio le cuesta trabajo pero el puñetas toma confianza y me empieza a mear en los pantalones¡ Eso cabrón, eres igualito a tu padre! Se echa a correr, trae su verguita afuera y el chorro de agua lo apunta a una pareja sentada en una banca. JAJAJAJAJAJA, su risa es malévola. Gritos, mentadas de madre, risas y aullidos. Sigue corriendo, lanzando chorros de meados a quien se le atraviese. Está muy lejos de mi vista, ya no lo alcanzo. Es mejor que se vaya, en el fondo, todos los niños son salvajes