con truco,

sin explicación

artista: Rafael Silveira  

por:   Alondra M

“Una mañana, encontraron que la mesa había echado brotes, en la cocina, y la llevaron a florecer en paz al jardín. 

Los ojos de ella habían cobrado un misterio singular, y, vista de cerca, en su epidermis había también unos como brotecitos pequeños.”

Floreal (fragmento), Alfonso Reyes 

soñé que en vez de cara humana, tenía yo un flamingo y pájaros, y un lago, un fango, un lago limpio. mi cabello era azul, y había flores rojas, anaranjadas, pero bien podía ver, hablar, sentirme la cara; siempre había querido tener un sueño así, raro, raro, rarísimo, como una vez que leí que un hombre despertó y se había convertido en una cucaracha. 

yo no sueño raro, pocas veces me acuerdo qué sueño, pero me acordaría si soñara que un día me convierto en insecto, o si mi cara en vez de ojos nariz y boca, fuera un flamingo y flores y tuviera el cabello azul. así que esa vez que me soñé con el lago en mi cara, y las flores y el paisaje, lo que más me gustó del sueño fue que  podía ver, como si tuviera los ojos de un flamingo.

me gustó porque eso no importaba, era como si todo lo demás fuera normal, como si todo alrededor fuera igual, pero diferente, que todas las personas vivíamos en un mundo diferente en el que vivimos hoy pero a nadie le importaba, todos pensábamos y decíamos lo mismo, siempre, pero las cosas eran extrañas, raras.

caminaba por allí, como en un desierto, o tal vez era un paisaje raro, con montañas a lo lejos, pero había polvo, o era arena?, las nubes eran rosas, y había cactus, como en el desierto, pero también había gente, paseando, haciendo cosas, nada en especial, viviendo la misma vida que las personas que en vez de flores en la cara tienen ojos y boca.

no puede existir la magia cuando no se cree en ella, es un principio básico. es como dios. es como los personajes más famosos de los mundos mágicos, hay que creer en ellos al menos mientras vemos esa película, mientras vamos a misa, mientras leemos esas historias. mientras estamos sentadas buscando cómo es el truco.

Rafael Silveira juega, como juegan los magos, como juegan los artistas, como juegan los niños a crear y creer en mundos imaginarios, en personajes irreales, en cosas extrañas, pero sólo son extrañas porque no son comunes a nuestros ojos de todos los días. así juega con ese mundo que Magritte creó, reinventa ese mundo y se hace uno nuevo, uno menos europeo, uno más como del oeste, como de la estepa, como de la tierra, como arenoso, caluroso.

quisiera decir que las obras de Silveria son mágicas, y explicar por qué, o dar a entender cómo lo hizo, para qué lo hizo, con qué propósito, qué posible explicación, pero sería como ese maldito niño que mi mamá siempre invitaba a mi fiesta de cumpleaños y se la pasaba tratando de adivinar cómo le había hecho el mago -porque a mí me gustaban los magos, no los payasos- cada truco, me daban ganas de patearlo y que se cayera de su sillita, pero yo era una niña chiquita y apenas podía contener las ganas de ir a hacer pipí porque quería ver en qué terminaba el truco.

así propongo estas obras, con truco, sin explicación, son rostros y personas porque se parecen un montón a las personas que yo veo todos los días, pero con el pelo azul y flores en el rostro, porque tienen una vida dentro, en vez de sangre, porque la sangre de ellos son las flores y los pájaros y los animales. así que no quiero ser esa niña diciendo una y otra vez cómo es el truco o para qué, mejor vean las obras de Silveira una y otra vez y piensen en esos mundos mágicos, y en esas sensaciones nuevas que provocan.

 

desperté de ese sueño raro, tenía la boca seca pero esa linda sensación de una mañana fresca. quise estar despierta pero con los ojos cerrados, esperando que mi alarma sonara otra vez. me picaba el brazo poquito, me rasqué y abrí los ojos, vi mis manos de flores y los brazos de agua donde pasaban unos pájaros, eran guacamayas. me reí y supuse que seguía soñando, ya saben, un sueño dentro de otro sueño, pero estoy por terminar este escrito y donde deberían estar mis dedos juegan unos peces de un lado a otro en el lago de mis manos.