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Obra: SoyHIVAN

Visita al Psicoanalista

Soy el Doctor E, llámeme Editor para que le sea más fácil acordarse de mi nombre. No se preocupe, está en las mejores manos. No se asuste por mi cara, todos utilizamos una máscara pero muchas personas no saben que la están utilizando. Cuénteme a qué viene, no le prometo la cura pero le aseguro que no terminará en la locura.

 

“Estoy enfermo, mis síntomas comenzaron hace algunos meses: intolerancia extrema a todo tipo de situaciones a mi alrededor, falta de control sobre mis sentimientos, tengo una ansiedad muy fuerte que recorre todo mi cuerpo y siento que en cualquier momento voy a explotar”.

 

Bien, bien y dígame…¿cuándo empezaron estos síntomas?

“Todo empezó cuando estaba en mi casa, era de mañana porque los rayos del sol  pasaban a través de mi ventana. Hasta ahí todo normal, Editor, pero después, comencé  a escuchar unos ruidos que no soportaba, venían de afuera, de la calle. Parecía que la gente de la calle no estaba allá, sino que estaba muy cerca de mi oído, estaban gritando, riéndose, burlándose-no de mí-sino de personas que otras personas ¿acaso me estaré volviendo loco? me pregunté. Al poco rato, ese ruido disminuyó, no tuve otra opción, doctor”. 

Dígame, ¿cómo le hizo para disminuir los ruidos?

 

“Todos tenemos una condición especial ¿no es así?, como seres únicos e irrepetibles. Somos muy afortunados en poseer la herramienta más privilegiada del universo, la conciencia. Esta nos permite conectarnos entre nosotros, ayudarnos y entendernos y todas esas cosas idealistas que se escuchen constantemente y además,  nos ha permitido acceder a una especie de entendimiento sobre todo aquello que va más allá de nuestra existencia. Beneficiados con un carácter y una fuerza que parece divina. Eso es lo que pensaba hasta esa mañana. Hoy estoy enfermo”.

Ahí va el sermón…

 

“en forma de tecnología, entretenimiento o alimentos, y muchos son promovidos como generadores de dinámicas sociales efectivas, obteniendo un lugar privilegiado en la cadena de consumismo ideal para una persona ejemplar del siglo XXI. Mientras que otras alternativas, como la mía, son tachados de perniciosas, generadoras de violencia, acusadas de provocar muchos de los más importantes problemas comunes e incluso penadas por los gobiernos para evitar los que en ese momento eran los estados más altos de mi mente, el lugar más seguro de mi existencia. Ni usted ni el gobierno van a poder quitarme mi libertad”.

 

Lamento informarle, aquellos individuos que usted menciona de la fiesta, no son reales, son ficticios y que usted no es un filósofo que entiende la posmodernidad, usted es comunnity manager de la revista inverösímil pero que tuvo un “burnout” o sobrecarga laboral y está usted delirando todo esto. O más bien trata de evadir su trabajo y se hace pasar como un loco.

 

El artista se llama Soyhivan, pero usted no es Iván, usted se llama Daniel Sosa, antes era comediante-muy malo, por cierto- y lo rescatamos del olvido para convertirlo en community manager.

 

“hace unos días, vi  unas ilustraciones del SoyHivan. Su sencillez en formas y colores hace a estos personajes agradables, accesibles para aquellas personas que tachan mi tratamiento como tosco o asqueroso y que podrían encontrar en todo esto algo de lindo, ¿por qué no? No creo que este proceso sea nada bonito pero sí puede ser más llevaderos con amigos como Mi Gallo o Don Perico, estoy seguro que alguno de ellos puedan ayudarme a encontrarle lo divertido a estar enfermo, de hecho, ahorita ellos están conmigo. Pepa me invitó a salir, pero con la condición de que ingiera una pastilla que me puede llevar al inconsciente y me dijo que va a invitar al Don piquetes para darle fin a mi dolor. El arte es la medicina más poderosa para curar el dolor, para callar estas voces. SoyHivan ha curado mi enfermedad”.

 

La única voz que no escuchas es la del Editor ¡A trabajar! 

“Soyhivan soy hivan ¿soy Iván?”

Lo que usted me está intentando decir es que la voluntad fue rebasada por una fuerza que usted no comprende, que va más allá de su conciencia.

 

“Me he esforzado por componerme yo solo, ya que no hay doctores ni especialistas, que me ayuden”.

 

No me ofendo, prosiga…

 

“El cambio más grande sucedió en una ocasión en la que, tratando de hacer menos tortuoso el deterioro de mi condición, fui a una fiesta. Momentáneamente funcionó, pues todos en ese lugar estaban enfermos de lo mismo que yo en mayor o menor medida. Por un momento no me sentía tan jodido al ver cómo los demás de la fiesta sufrían más que yo. Quise más de esa sustancia que redujo mi sufrimiento, es verdad, el efecto fue momentáneo pero muy fuerte, por algunos momentos me sentí librado de aquel peso del que ya estaba acostumbrado, con el que convivía todos los días hasta el punto de pensar que era normal, parte de mí ¿me está escuchando, doctor?”

 

Sí, perdón, es que por fin llegó mi pedido de Amazon. Ya llevaba varios días de retraso, continué…

Después de aquella fiesta..

 

Lo voy a detener un momento, dígame ¿quiénes eran esos individuos que le dieron esa sustancia tan maravillosa?

 

“No eran nombres verdaderos, eran sus apodos, a uno le decían “el piquetes”, a otro “mi gallo”,  su acompañante era el “perico” y la que me dio el medicamento: “la pepa”. 

 

Oh, ya veo…

 

"Los efectos de mi supuesta solución fueron graduales y aislados pero muy satisfactorios, llevando mis pensamientos a lugares más llamativos, coloridos, agradables. La primera desventaja con la que me encontré fue darme cuenta que no para todas las personas era algo “correcto”, por lo que tuve que ocultarme para que mi tratamiento, el más efectivo hasta el momento, no despertara inquietudes o alarma en otras personas. Hasta el día de hoy, no sé por qué es así. Me percaté que la sociedad ha generado comodines que te permiten olvidar estos padecimientos con cierto grado de efectividad”.