La iniciación

artista: venemous

por: בעל זבוב

Era un viernes, quizá un sábado por ahí de las 7 u 8 de la tarde, un día lluvioso y gris de verano. Diego me había invitado a ver las bandas en el toquín que se armaron. Siempre me agradó Diego y su sueño de ser músico (en esta ciudad gris, culera, mamona y hermosa pero mamona), aunque nunca comprendí del todo su música. Pero supongo que mientras la gente lo disfrutara estaba bien. Raziel se ofreció a darme un aventón, nos fuimos todo el viaje hablando de las buenas bandas y las malas bandas que hemos escuchado en ocasiones anteriores. Ir a un toquin independiente siempre es como un volado; a veces hay joyas ocultas underground que sólo llegas a ver una vez y luego desaparecen por arte de magia (o alguna disputa de banda, yo que se), o están los weyes que nada más van a azotar la batería para el slam. ¿En cuanto a mí? Bueno, yo sólo iba por el placer de estar; debo admitir que al inicio no era mucho de mi gusto la música, pero hay un “algo” que lentamente te va atrayendo.

Quizá es sólo que el alcohol te da valor, nah… ya había bebido antes pero no es eso. Creo que está en el ritmo, el ambiente, simplemente hay demasiada energía en el aire que no te puedes quedar quieto; algo debes hacer. –“Wey, vente” me dice Diego, “¿Por qué o qué?” respondo yo. –“Es hora de iniciarte, se ve que ya te toca, pero antes… salud”. Nos acabamos de sentón los dos caballitos de tequila –“Para agarrar valor y que no duelan los putazos tanto, ja,ja”. Él se ríe, yo no tanto, pero alch que tenía miedo.

Empiezan las primeras estrofas, todo relax hasta ahora, puedo sentir el bombo y el platillo de la batería en el pecho. Aunque no quieras y aunque te esta cargando la chingada de miedo (como a mí), es como si te diera órdenes, te obliga a “marchar” a su ritmo; bom, bom-bom, bom y de la nada estás moviendo la cabeza al ritmo, cuando menos te das cuenta ya estas headbangeando. La música sigue, es más, se intensifica, sabes que ya valió pito; pero bueno ¿qué se le va a hacer? Ya estoy dentro del círculo del slam junto con Diego.

¡Reproduce para un buen slam!

Comienza el solo del guitarrista; se sueltan los putazos. Un codazo a mi espalda, pinche rodillazo a la pierna (pero no te debes dejar caer o si no valiste verga, así que te muerdes un huevo), empujones por todos lados y un chingazo en el rostro. Los dos salimos todos puteados, pero libres: el aire nunca se había sentido tan bien, ni el frío de la botella que me trajo Raziel para la cara. –“Weeeey, bautizo de sangre, ahuevo!”. Estoy sangrando del labio, tengo los nudillos algo hinchados y los brazos sé que me quedarán moreteados, no pude apoyar bien la pierna por un día, pero valió la pena cada segundo. Desde entonces en adelante me hice de hermanos “de sangre”, por así decirlo.

Cuando escuché a Venemous (@venemousofficial) no pude evitarlo, tenía que moverme, tenía que hacer algo. Era como una maldita invocación; la batería, la guitarra, la lírica, como un encantamiento. Casi pude sentir hasta dónde recibiría los putazos en mi cuerpo. Algunos se preguntarán ¿por qué maltratar así tu cuerpo? No entienden que es parte del ritual: es magia. Venemous guía, nosotros sólo obedecemos. El círculo del slam, se convierte en el círculo mágico: todos somos iguales ahí dentro. ¿Y la violencia y los putazos? Necesarios, es como cuando pones una bocina a lado de recipiente con agua; la música la hace vibrar, moverse. Nosotros somos como aquella agua, respondemos a lo que Venemous nos manda (principio alquímico de efecto: acción-reacción). Esa es la verdadera magia dentro de un concierto, toquín o lo que quieran.

Quien está allá arriba en el escenario se convierte en gran maestre, hechicero, mago, bruja y los de abajo en fieles servidores. ¿O acaso alguien de aquí se imaginan un ritual mudo? El poder está en las palabras, en las estrofas, en la energía que transmiten cada golpe, cada riff, cada grito. Quienes “sobrevivan” quedarán renovados, libres en un breve momento de catarsis. Es el precio que pagar si quieres acercarte al ritual, al aquelarre (principio alquímico de la equivalencia, dar a cambio algo del mismo valor).