Quiero ir,

artista: Ludwig Favre

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ya me quiero ir. 

He tenido el mismo sueño desde que tengo 9 años, quiero vivir en el chinatown de Nueva York. Recuerdo verlo millones de veces en películas que pasaban en el canal 7 cuando era chiquita. las personas del chinatown no eran como las personas pomposas del resto de Nueva York, siempre estaban regateando en los mercados y gritándole a los gringos cosas en otros idiomas, y como que me gustaba esa idea. No le digo esto a muchas personas, pero ha pasado mucho tiempo y cómo que mis ganas de ir al gabacho ha disminuido y la verdad no sé por qué.

 

Pero mi sueño sigue ahí, en la parte oscura de mi mente, la parte donde se guardan los datos inútiles que sacas cuando no sabes qué decir en las comidas aburridas de los domingos, las contraseñas de los wifis que no son tuyos y los sueños de la infancia. 

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He tenido la oportunidad de ir a Nueva York un par de veces, les voy a contar de la primera vez. a mi familia le encanta planear todos los viajes, es horrible.

 

Así que llegamos a Nueva York, fuimos al hotel, dejamos las maletas, nos cambiamos bien rapidín rapidón y salimos a turistear.

 

Mi hermana quería ir a la ONU, mi hermano quería ver dónde vivían las tortugas ninja, mi papá quería ir al museo de historia natural, ya saben, el de la película de ton ton dame chiclón, y mi mamá quería ir a ver una obra en broadway, pero yo solo quería ir al chinatown y regatear en los mercados, ver mi futuro departamento y encontrar un buen lugar para comer hot pot.

 

Después de varios días sumamente planificados, fuimos al chinatown y todos nosotros tuvimos pensamientos diferentes.

 

Mi papá decía que nos iban a robar, mi hermana no entendía nada, mi hermano se hacía como si entendiera todo y mi mamá decía que Nueva York “estaba muy sucio”... yo quedé boquiabierta. 

El tiempo en el chinatown pasa tan rápido que ni te das cuenta de que ya estuviste ahí dos horas parada viendo a la gente pasar, la gente parece que corre a su destino, pero al mismo tiempo hablan con las personas a su alrededor, conviven en el ambiente, crean el ambiente.

Nueva York es frío, las personas no te quieren ahí y los edificios son todos iguales. Hay de a dos, o son rascacielos llenos de oficinas y de gente que solo toma café y roba dinero, o son edificios de 4 pisos de ladrillo rojo y es aburrido; el chinatown es diferente, los colores de las paredes y de las lámparas de papel hacen que cualquier persona se sienta en casa. Chinatown es un hogar acogedor dentro de una ciudad triste y aburrida. 

Ya les conté que el gabacho no me gusta tanto, no sé si fue por el señor que tiene permanentemente su piel de color naranja, o porque me fui enamorando de mi propio país, pero las fotos de Ludwig me traen muchos recuerdos, algunos muy lindos y algunos que ni me acordaba que tenía en mi memoria. Ludwig tiene unas fotos bien chidas de los ángeles que me hacen recordar algunas cosillas, estos ya no son sueños, son cosas más mundanas. 

Solo he ido a los ángeles una vez, y fue suficiente. El viaje no fue por placer sino por compromiso. Para no hacer el cuento muy largo, la hermana de mi cuñado se iba a casar (o algo así, ya no me acuerdo bien) y mis papás no querían que mi hermana fuera sola, así que mi mamá y yo nos pegamos al viaje. Les advierto que aquí entra mi memoria selectiva, no me acuerdo de nada que no haya sido divertido o triste, así que no me acuerdo mucho de la familia de mi cuñado porque la verdad es que yo andaba bien aburrida con ellos. 

Yo quería disfrutar el viaje con mi mamá, así que nos íbamos a turistear por ahí sin la familia.

 

Me acuerdo que un día fuimos al downtown, yo quería ir a ver la sede de la policía porque sale en lethal weapon y quería ver si andaba por ahí Danny Glover, hee.

 

Pero mi mamá quería ir al Walt Disney concert hall, un edificio bien trippy hecho de metal que parece fue hecho para patinetos, pero ella es arquitecta y no le iba a decir que no a mi mamá, no soy un monstruo.

 

Aquí es donde hago una pausa para que veas la foto de Ludwig, porque captura perfectamente lo que les voy a decir ahorita… ya la terminaste de analizar? va. 

Al contrario del chinatown de Nueva York, el tiempo se detuvo en este lugar, entré y pareció que estaba en otro mundo, el calor de los ángeles dejó de existir, había menos personas dentro del edificio que en un stand up a pleno 2021, el ruido y la falsedad de los ángeles se escaparon, puff, ya no estaban, el tiempo se enfrió y no solo por el aire acondicionado, sino que las personas estaban felices de trabajar ahí (y no con esas sonrisas falsas, se trataba de sonrisas verdaderas, se nota que Disney paga bien).

 

Llegamos al roof garden y la magia de Disney terminó. Todo estaba lleno de estatuas carísimas, plantas falsas y docenas de personas tomándose fotos para instagram. Ahí fue cuando recordé que estaba en los ángeles; veía a las personas maquillándose y gritándoles a sus “instagram boyfriends” que se tiraran en el piso para tener un buen ángulo para la foto. Ahí dije, “chale que flojera, mamá vámonos por un hotcho al puesto de afuera.” 

Creo que en ese viaje conviví mucho con la familia del novio de mi hermana, pero les digo que no me acuerdo de esas cosas, de lo que sí me acuerdo es que fuimos a universal y yo estaba bien emocionada. No soy superfan de los Simpsons, pero si prendo mi tele una vez a la semana para ver los mismos capítulos en fox a las 9.

 

Soy de esos fans que solo les gustan las temporadas canon, las cuales terminaron por ahí del 2001, ahí donde se ven todavía hechos a mano, pero no tan chafas. Me moría de ganas de ir a Krustyland; el único problema es que odio el sol y a las personas con las que estaba. Bueno no es odio, sino que me daban muy igual, pero caminaban bien lento y eso no se hace. Quería ir a los tacos del hombre abejorro, ir a la taberna de Moe pa’ tomarme una Duff y decir mmmmm cerveza así mero como el Homero.

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Pero, a ver, es hora de ponernos nuestros sombreros de sociólogos. El tiempo en los parques temáticos se pasa re lento pero a la vez en chinga. Las filas de los juegos duran tres horas, tus pies terminan todos rojos y apenas cuando te sientas te quieres dormir, pero parece que cierras los ojos por un segundo y ya tienes que regresar al hotel porque andan cerrando el parque.

 

¿Por qué pasa eso? mi mamá dice que el tiempo pasa rápido cuando te la pasas bien, pero yo no creo que esa sea la razón. A mi parecer, los parques temáticos crean una burbuja del mundo exterior, en estos todo es felicidad. Las botargas te abrazan y esperan que tengas un buen día, pero la persona dentro se quiere ir a su casa a fumarse un porro desde que llega al trabajo, las casas son fachadas falsas y la comida no es más que colorantes en forma de un minion, Mickey o cualquier personaje con una deficiencia de carácter.

Esta burbuja es una nueva experiencia para nosotros, queremos sentir y probar y vivir todas estas nuevas experiencias y sentirnos como niños otra vez, niños que no conocen lo que es el tiempo, niños que lo único que quieren hacer es encontrar cosas nuevas y después olvidarlas; personas cómo yo que quieren ir a universal para poder tomarse una foto con el hombre de los cómics, tomarse una chela con Homero y subirse a los juegos para no acordarse de nada por unos minutos, gente cómo yo qué dice “quiero ir a Krustyland, ya me quiero ir de Krustyland”. 

Por: Sofía Figueras

Ludwig

Fare

Quiero ir, ya me quiero ir.

Santiago

Mora

DAMORA

Pedro

Trueba

Merezco algo mejor.