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por: dávila onofre

artista: Marina Abramovich 

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Palabras

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Estoy de pie frente a ella. Ella me mira y pienso que debería callar, no pronunciar las palabras que llevo desde la mañana dando vueltas.

Hace frío y la noche es muy clara, se pueden ver las estrellas.

 

Tengo la impresión que dos personas de frente deberían poder quedarse calladas, mirándose, nada más, y aún así, tal vez, se comunicarían.

Estoy de pie frente a ella, mirándola y quiero callar; de la boca comienzan a escurrirse palabras torpes, necias, inseguras.

 

Pienso que debería callarme, y mejor, sólo mirarla como tanto me gusta y dejar que el frío se nos cuele en la piel, nada más, quizá acariciar su cara, tiernamente y dejar que las palabras se evaporen entre los sueños de la noche.

Las palabras ya estaban allí, mucho antes de decirlas, no puedo echarle la culpa a la boca, ni al frío, ni a la voz, ni a su confianza. Las palabras ya estaban allí, esperando el momento.

 

Preferiría el silencio, y allí consolarme también, pero hablé, dije lo insegura que me sentía, lo torpe que soy, descubrí mis miedos, le mostré quién soy también y por un momento me sentí allí, presente, como si las palabras me hicieran real.

 

Ella dijo cosas, me pidió que me tranquilizara, que confiara; pudo haberse quedado callada, mirándome, pero comenzó a decir lo que pensaba. Hablamos esa noche bajo el cielo con muchas estrellas. sus ojos y el cariño grandes, tocándome. “nadie me ha querido como tú”, dije.

 

El silencio de Marina Abramovich despertó curiosidad, intriga, deseo, morbo, como una exposición más en el MoMA, pero hubo quienes necesitaban ir a sentarse frente a ella, para decirle cosas, para dejar que eso que venían pensando desde hace horas, meses o años cayera por fin. 

Marina Abramovich callaba. Y después de una persona, pasaba otra, y una más y una fila inmensa de gente que se sentaba frente a ella para mirarla. Al final dos personas de frente mirándose, Marina transformándose en el amante, en la madre, en el padre, en quien quisiera el otro, para decirle, para transmitirle eso que debía ser dicho, eso que nos hace ser quienes somos.

 

Yo tuve miedo de decirle cómo sentía, hoy sigo sintiendo miedo, de lo que mis palabras puedan ocasionar, pero al final de todo, sólo éramos dos personas de frente mirándose, una intentando decirle a la otra que tiene miedo, que a veces la ama temerosamente, porque el miedo es tan parte del amor como la arrogancia de los recién enamorados, que amar puede ser doloroso sin que por ello sea trágico, que si ella quiere amarle puede sentir también esa parte de su amor.

 

somos dos personas, yo frente a ella, bajo las estrellas, entre el frío. Y yo que quisiera no abrir la boca sino para besarla, pero las palabras se escurrieron y le mostré quién soy también, y sentí que podía confiar, que podía quererla de verdad. Buenas noches, cariño mío.

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ESCRITO POR: Dávila Onofre 

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