Chela en mano

Artista: Mikoi

Te quiero describir lo que veo ahora, creo que es la única manera de que me puedas entender. Estoy sentada en una silla negra y aburrida en mi cuarto.

 

Mi computadora está en la parte baja de mi escritorio junto a una taza de café, una botella de 2L de agua y una sola aspirina (no sé dónde está el bote). Y cuando subo la mirada puedo ver el desmadre de mi escritorio.

 

Veo una docena de juguetes, un coronavirus de crochet, una bolsa de papas, 8 botellas de pintura acrílica caducadas, una bolsa de pan, una hoja con mi plan de vida, una botella de afrín y un vic vapo-ru. Y esos solo son los highlights.  

 

Me gusta pensar que mi mente y mi vida es como la parte de abajo de mi escritorio, ordenada y simple, pero chale que la vida no es así. 

Spanish Version /

Cuando me canso de ver el desmadre que es mi vida, volteo a la derecha y veo mi teclado en el piso. Solo puedo ver una parte, pero sé que está lleno de polvo, no me acuerdo la última vez que lo use.

 

Lo saqué de su caja cuando comenzó la cuarentena pensando que iba a tener la energía y las ganas de tener un hobby, ahora ni las ganas de pararme tengo. Se convirtió en otra cosa más en mi escritorio. 

 

Hay días que no duermo, prefiero quedarme despierta para “aprovechar el tiempo”. Hay veces que hago tarea hasta que veo salir el sol o me quedo dormida encima de mi computadora viendo anime.

Hay otros días que no duermo porque mi insomnio me lleva de la mano a lugares que no quiero ir. 

Y hay otros días que me quedo sentada en mi silla aburrida viendo mi teclado y me pongo a recordar los tiempos cuando me gustaba hacer cosas, chale.

 

Pero siempre bajo a la cocina por algo de tomar, un yakult, agua, una chela o hasta un cafecito para sentirme como una señora divorciada que acaba de llorar a las tres de la mañana.  

 

Siempre estoy cansada, no sé si es la anemia, la monotonía o los cafés en la madrugada. 

 

Antes, cuando estaba chiquita y no me dolía la rodilla, me tiraba en el pasto de mi jardín con un yakult en la mano y me lo tomaba mientras veía las nubes.

 

No me acuerdo la primera vez que me tomé un yakult, pero me acuerdo que decía que era el tesoro mexicano, luego me enteré de que el yakult era coreano y ya no sabía que pensar ;-; en mi pequeña mente era el yakult quien ponía a México en el mapa.

Luego, como viene funcionando el tiempo, crecí. Ya no veía las nubes con un yakult en la mano, sino que con una chela. 

 

Las obras de Mikoi me relajan, me hacen recordar lo que sentía cuando me tiraba en el techo de mi casa y me quemaba las piernas y los ojos me ardían por no usar lentes de sol. Son fáciles de entender, Mikoi nos recuerda la belleza de lo monótono, del día a día, de un viaje al Oxxo más cercano, de cuando nos paremos en la gas a media carretera por un Paketaxo y una Corona pa´ continuar nuestro viaje hacia el futuro. Me recuerdan a cuando esperaba el silencio de las tardes sin clases, cuando la monotonía era algo que anhelaba, cuando salía a ver la nieve y se me congelaban los pies, cuando mi mente estaba callada y me sentía como la parte de abajo de mi escritorio. 

Antes, estaba obsesionada con el estoicismo y con Séneca, leí todos sus ensayos y hasta viví de acuerdo a su filosofía. La primera vez que escuché esto fue en mi clase de filosofía de prepa, cuando mi profe me dijo que era una estoica. Ese fue el término más importante que aprendí en ese salón tan horrendamente alfombrado. Después de una intensa investigación, llegué a la conclusión que el estoicismo no es un análisis sombrío de las cosas, sino que es  una forma de aprovechar y tomar felicidad de la adversidad.

 

Me di cuenta que la vida no se trataba de felicidad y tristeza, éxitos y fracasos ni de paz y guerra, sino de mi propio carácter y racionalidad por encima de otra cosa. Cada individuo produce su propio bien y su propio mal, su propia fortuna y su propia desgracia. Lo que aprendí de este señor con nombre raro es que al elegir sabía y analíticamente, todos podemos disciplinar nuestra propia mente. Durante esos años me sentí como la parte de abajo de mi escritorio, mi vida tenía un orden, todo estaba donde tenía que estar. 

 

Pero luego comencé a acumular más pensamientos, más cosas en mi escritorio, comencé a gastar el tiempo y a elegir las cosas sin pensar (así como mi carrera, hee no le digan a mis papás). 

 

Y luego no sé qué pasó, creo que solo pasó el tiempo, crecí y me convertí en la parte de arriba de mi escritorio, sé donde está todo, pero no entiendo que hace todo ahí. Así como no me acuerdo de como un yakult se convirtió en una chela en mi mano. 

Examen sorpresa: ¿cómo abres el yakult? (solo hay una respuesta correcta)

  1. un hoyito en la tapa con el dedo

  2. le quitas toda la tapa

Por: Sofia Figueras

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