Queremos pastel

Artista: Nel Pastel

Mi familia no es para nada pequeña, en los meses de verano, los cumpleaños llegan una vez por semana y las reuniones se vuelven el pan de cada sábado y domingo.

 

Cuando era niña, sólo había dos cosas que lograban salvar esos tortuosos fines de semana: los discos que mi primo me prestaba cuando me dejaba encerrarme en su habitación en lo que la fiesta terminaba y el pastel. 

En casa tenemos una pequeña norma, cuando se parte el pastel, se termina la fiesta. Nunca he entendido esa costumbre, pero siempre la he agradecido. Nunca me han gustado las fiestas, por lo que escuchar el grito de “Giovanna, el pasteeeel” siempre fue para mí un alivio.

Partir el pastel es todo un ritual: el cumpleañero se sentará frente al pastel, alguno de los fumadores compulsivos prestará su encendedor para prender las velas, los demás nos acomodaremos cuidadosamente alrededor y procederemos a cantar, mal, las mañanitas.

Después, se echará la típica porra, aplaudiremos, gritaremos a coro “que le sople, que le sople” no sin antes escuchar el grito de alguna de mis tías “¡No, primero pide un deseo!”, posteriormente, alguien pasará a retirar las velas, ahora apagadas, y mis primos y sobrinos castrosos se amontonaran atrás del cumpleañero, esperando el ansiado momento de la mordida para poder hundir toda la cara del pobre festejado en la deliciosa mezcla de harina, huevo, chocolate y betún.

 

Después de eso, alguien pasará con un cuchillo y una palita al centro de la mesa a preguntar “¿Cuántos somos?” y alguien, más allá, responderá “30, pero Dominic no come pastel” y algún otro gracioso responderá a esa afirmación “Lo que no quiera, pónmelo a mí”. Después de eso, se partirá la masa circular en pequeños trozos “para que alcance, si sobra ya pueden pedir más”, dirá el que este partiendo, siempre quedándose con el trozo más grande a la voz de “El que parte y recomparte…”, los niños le entregarán un pedazo de pastel a cada uno de los presentes, siempre quejándose y, finalmente, cuando todos hayamos obtenido una porción del preciado postre y lo hayamos ingerido, comenzaremos a despedirnos. Un abrazo por aquí, un beso por allá, el “no se les olvide que la próxima semana es cumpleaños de…” y, por fin, la retirada.

En la mesa sólo quedarán los restos del desastre. Platos y vasos sucios, la charola del pastel vacía, un par de manchas esparcidas por la lisa madera, las velas a medio consumir sobre una pequeña servilleta y el recuerdo de otro año para aquel que se fue con la cara pegajosa por el chantilly. 

La neta les estoy contando esto no solo para que se den a la idea de lo aburrida que es la vida en una familia tradicional mexicana, sino también para hablarles de nuestro compita @nel.pastel, la primera vez que vi su obra fue cuando el Editor me habló del tema de este bimestre que es “naturaleza muerta”, me sorprendí, porque en un primer momento sólo vi la pintura de un juguito y la de un trozo de carne. Va, los bodegones, parte elemental de la naturaleza muerta, nunca han sido la cosa más interesante para mí, pensé en hablarles de su papel en algunas sociedades, de como fueron la muestra del poder adquisitivo de ciertas familias, y hasta cierto punto, de como siempre mostraron la frivolidad de algunas clases sociales, pero, después de prestar un poco de atención a la obra, sentí la sorpresa.

 

@nel.pastel no sólo hace pinturas de lo que llegamos a consumir en la actualidad  y nos muestra que la comida ya no representa el mismo problema ahora que hace un siglo (vamos, que el porcentaje de la población que muere de hambre ahora es mucho menor al porcentaje de mortandad de hace ya algún tiempo) y que lo que nos mata no es la falta de alimento, sino el exceso de basura que nos comemos, no, nuestro artista ha llevado el bodegón a otro nivel: ya no vemos comida en una obra de arte, ahora, la obra es comida, y a mi me encanta toda esta onda del consumo alternativo del arte xD. 

Por: Gio

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