quisiera reírme

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artista:  Q h n o

por:  Alondra M

"nunca he podido quedarme tumbada, me pongo una bolsa en la cabeza y a bañarme."

Me llamo Alondra, quisiera reírme ahora, pero ya no puedo. Tal vez, me ponga una bolsa de plástico encima, la bolsa negra, o la blanca, la que tiene una sonrisa, eso sí. Me gustaría sentirme bien, he tomado algunas pastillas, tal vez así me sienta mejor. No tengo nada, no me siento mal, pero, es que, tampoco me siento bien.

Hay mañanas que despierto y como que no siento nada, como que simplemente estoy tumbada en la cama y quisiera quedarme allí, no estoy triste, no tengo ganas de llorar, sólo me gustaría quedarme allí, quieta en la cama y esperar que el día se haga noche. Pero nunca he podido quedarme tumbada, me pongo una bolsa en la cabeza y a bañarme.

Alguien podría decirme qué hacer, si a alguien de los que lee esto me podría compartir su experiencia, miren que he probado de todo: meditación, yoga, reiki, salir a correr, caminar, hacer ejercicio, todo me va bien, pero siempre y cuando tenga la bolsa de plástico puesta.

Si me quito la bolsa de plástico,  como las obras de Qhno, simplemente no siento nada. Quisiera reírme ahora, pero no puedo. Ayer me dijeron que estaba bien sentir eso, que para eso son las bolsas, para ayudarme a sentirme mejor, a sentir algo. Al menos hay algo que me consuela, las bolsas de plástico son biodegradables, no contaminan tanto ¿será que Qhno me conoció en algún momento? ¿será que él también, como los personajes en sus pinturas, entiende a los que nos ponemos bolsa de plástico para tapar nuestro rostro? 

Me siento en un estado de plástico, de falsedad, que nos dice qué sentir y en qué medida sentirlo; que nos explica cómo llevar lo malo a bueno, no busca, en ningún sentido, el bienestar de la persona, ese es sólo la propia bolsa de plástico aparente del modelo. Leí, la otra vez mientras esperaba que esta maldita sensación se fuera de mí, que aquello que persigue este estado de apariencia y soluciones positivas es la productividad, el autoempleo, la auto-sanción. 

Una especie de apaciguamiento disfrazado de felicidad, de positivismo, de incesante alegría, de inquebrantable espíritu de conquista, de mucha voluntad, sin importar el cómo, simplemente, porque es lo que hay que hacer, una forma de imperativo que se ha ido generando en nosotras y nosotros durante la última década. Este inquebrantable buen espíritu, es sólo aparente, de plástico, es falso. Y niega toda imperfección.

Perdón a aquellos que esperaban otra historia, pero de pronto tengo un poco de fuerza para reclamar, para denunciar que se acabó la idea de un gobierno o un sistema que nos obligaba a hacer las cosas y que castigaba, eso es para los de abajo, los que no saben cómo. Ahora quien se auto-impone el ritmo demencial de trabajo, las altas jornadas laborales o de ejercicio, y los desgastes que se disfrutan, y el perseguir lo que tú quieras, porque lo puedes conseguir, somos nosotras mismas. Basta decir que nosotras mismas nos castigamos y sancionamos a los que no lo hacen bien, a los que no tienen contenido que valga la pena seguir.


 

Quisiera reírme, quisiera al menos que alguienme diga que lo que hago está mal, que alguien me lo haga saber, y que yo le crea, que me sienta mal, pero ya no hay un sólo bloque que sancione a los otros, sino que dentro de cada esfera, de cada grupo social, existen las auto-imposiciones, las autocensuras, qué estúpidos somos creyendo que vivimos en la época de mayor libertad e individualidad en la historia de la humanidad, sólo vivimos en la época del exceso de positividad que cada vez nos hace más de plástico, más aparentes, más sonrientes, más determinados a fingirse a nosotros mismas que estamos bien, que debemos estar bien.

 

Si alguien quiere saber un poco más sobre esta sensación, busquen en Byung, Chul Han. La sociedad del cansancio. Pero otra vez me siento mal, y quizá no siento nada. Dejó de escribir.

ESCRITO POR: Alondra M.

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