Reescritura de interiores

artista: rvpoc

“La arquitectura es un arte bastante abstracto y difícil por naturaleza, y hay que defenderlo abiertamente; de lo contrario no queda más que resignarse a la técnica, a las modas, que es peor”

-Inés Arredondo

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Cada espacio es un signo en sí mismo, tanto en la ficción como en la realidad.  Si realizamos una asociación libre a partir de las palabras Barragán y O´Gorman, vendrán a nuestra memoria no solo adjetivos, sino también maneras de existir, usos y costumbres enmarcadas en grandes ventanales iluminados; un tipo particular de habitantes.

 

La roca volcánica del Pedregal trae a nuestra memoria los años setenta; Frida, Diego, Satélite, Arboledas y así podemos continuar en una semiosis infinita. En la realidad, como en el texto literario, las palabras se ordenan hasta que aparece ante nuestros ojos un modelo de mundo reconocible junto a sujetos que lo habitan, de tal manera que la relación entre estos elementos es indisoluble. 

Estas fotografías me hacen pensar en un personaje del cuento “Atrapada” de Inés Arredondo. En él se representa un arquitecto que recrea (no reconstruye) una casona en San Ángel a petición de unos gringos que la utilizarán para oficinas.

 

Este encargo lo lleva a tomar postura respecto al artificio de la creación como arquitecto y reflexiona: “No es lo mismo partir de cero y crearlo todo de la nada que colaborar con un colega de hace varios siglos.

 

Él ha establecido las condiciones del juego y sigue jugando en la sombra. No tengo que rebajarlo ni hacerle traición, lo que debo hacer es comprenderlo… y someterlo-”. 

 

En el caso del cuento, se cuestiona ¿cómo crear algo nuevo sin que parezca un postizo o sin destruir al autor original?  O lo que es lo mismo ¿cómo continuar con la reescritura? En el caso de RVPOC subyace la última pregunta y se logra un nuevo signo, totalmente nuevo y pleno que incomoda, gusta o se aplaude. 

Entonces, si el espacio es un signo, también podemos leer las transformaciones arquitectónicas como reescrituras de los modos de ser y de habitar. O mejor aún, como la unión de mundos que en teoría no están destinados a coexistir en un mismo momento. Esto es lo que ocurre con RVPOC, quien resemantiza la arquitectura canónica del maestro Barragán. O más bien, la desborda, la amplía, la estira, la transforma. Recrea un mosaico de espacios entre lo contemporáneo –ya lejano para nosotros— y la ciudad real. Une lo que aparentemente no puede coexistir en el arte; pero sí en la realidad inmediata de los sujetos. 

Por ejemplo, pensemos en un sujeto genérico habitante de Coacalco, Tlatelolco, Iztapalapa o Villa Olímpica. A veces me gusta pensar los cuerpos como extensión de los espacios o viceversa. 

 

Casi con certeza puedo asegurar que hay una relación. Por un lado, los condominios comparten la similitud y en muchos casos la paranoia, propia de la inseguridad de México.

 

Por ello, es común encontrar puertas, ventanas y cajones de estacionamiento asegurados con rejas del más variopinto estilo. Hay de todo, depende el maestro herrero que las haya elaborado.

Si se tiene suerte, es posible encontrar una cabina de vigilancia en la entrada principal, donde con seguridad hallaremos alguna virgencita en un nicho bajo candado… No vaya a ser, como reza el habla popular, que se la vayan a volar. Ya saben, la rata no descansa ni respeta.

Ahora bien, seguramente nuestro sujeto, ya no tan genérico, habita en una colonia que cuenta con una tiendita de la esquina, porque las provisiones son importantes a toda hora. Uno tiene que conseguir su garrafón y su botanita. De camino a su casa, seguro se pueden encontrar paredes completas anunciando a Los cadetes de Linares o el cartel de las luchas. Claro, siempre y cuando no han vuelto a grafitear los de la 8. (Así se llaman a los habitantes vándalos de la unidad habitacional 8) 

Seguramente este personaje trabaja más de ocho horas de lunes a sábado en los lujosos edificios de Reforma, Polanco o Santa Fe. Si sumamos el trayecto, nuestro habitante promedio de la Ciudad de México pasa más de 11 horas lejos de su hogar y, en medio de ello, como película, cambia de escenario.

De lo jodido a lo lujoso, de lo olvidado a lo privilegiado; a veces, hay que reconocerlo, de la barbarie a la civilización. Inevitablemente el sujeto habita dos espacios opuestos a la vez el mismo día y todos los días. Este es el sujeto en el cual coexisten las obras de RVPOC y tan importante es él como el espacio. En ese sentido, tanto esta serie fotográfica como el sujeto del ejemplo anterior son ejemplos de reescrituras que se complementan y, sobre todo, nos permiten replantearnos los modos de habitar.

Por: Flor de Liz Ibáñez