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Damora

artista: Santiago Mora

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¡Aquí empiezan a cambiar un poco las cosas, escuchar al paciente con sus problemas es lo único que podría ser diferente en mi monotonía, esa chispa que me da esperanza de encontrar algo diferente en mi día a día, pero, vamos! Toda persona siempre trae consigo algo que le aqueja, palabras, palabras, palabras, palabras, problemas, problemas, problemas, y así hasta que termina el día de trabajo o llega la muerte.

 

Termina la sesión, levantar las plantas, apagar las lámparas, caminar a donde siempre estaciono el auto, a un lado de ese edificio en obra negra desde que nací, manejar de regreso por ese mismo camino, llegar al hogar, desvestirme, vestirme con la misma pijama de ayer, sentarme con un cigarrillo y una cerveza, leer algo mientras escucho a ese monstruo que no cesa, que está en movimiento todo el tiempo, ese monstruo citadino que sufre y hace sufrir a cada uno de sus habitantes ahogándolos en tránsito, ahogándolos en smog, ese monstruo que está tan acostumbrado a las rutinas que su enfermedad le parece totalmente normal; y después dormir para volver a soñar con el día de mañana que será completamente igual.

 

Nada duele, todo es lo mismo, la vida virtual me tiene tan atrapado que no me importa voltear a ver más allá de mi pantalla, y si noto algo diferente en el exterior, es mejor regresar a mi vida digital. Nada me sorprende, nada me interesa, sobrevivir es parte de mi naturaleza, para qué coño quisiera cambiar algo si parece que nunca voy a morir, incluso con esta monotonía morir no despierta ningún temor, no es excitante pensar que desapareceré porque estoy perdido en vida. Lo mismo pasa con la ciudad, se construyen edificios que caerían en segundos, la moda en la arquitectura en cuanto a tonalidad es grisácea por todas partes, las plazas comerciales van al mismo ritmo que la tasa de natalidad, el tránsito en pandemia es igual que al tránsito sin pandemia, la gente es la misma de ayer, pero ahora con cubrebocas, sigue tirando basura, sigue quejándose de la política, sigue conforme a la moda, sigue visitando los mismos museos, sigue sin respetar la vialidad, sigue aportando a la corrupción, y sigue, y sigue, y sigue siendo la misma gente dentro de la misma ciudad. NADA DUELE; NADA CAMBIA; NADA IMPORTA; TODO IGUAL; TODO PARECIDO; TODO PERMANECE. 

Hay épocas donde la monotonía se vuelve mi verdad, donde la monotonía es mi único motor para despertar, todo parece completamente lo mismo; tomar el celular al abrir los ojos, abrir cualquier red social que me hiciera despabilar, deslizar el dedo infinitamente recorriendo imágenes de gente haciendo lo mismo infinitamente (me pregunto cuántos más estarán haciendo lo mismo) hasta que por fin me sentía despierto y listo para comenzar el día.

 

Servirme ese desayuno insípido con ese café amargo que me recordaba a algo que algún día sentí, pero no podía nombrarlo. Hacer ejercicio rutinariamente, bañarme con el agua en la misma temperatura del día anterior, verme al espejo con esos párpados cansados y decir: OK! ¡Aquí vamos de nuevo! 

Sé de pies a cabeza el recorrido hacia el consultorio donde trabajo, las calles de esta horrible ciudad son tan iguales entre sí que todas me llevan al mismo lugar, incluso podría llegar sin abrir los ojos, vaya! qué lástima que tuviese que abrirlos; puedo abrir las puertas sin necesidad de ver las llaves pues las conozco con tan sólo tocarlas, encender las lámparas de la sala de espera, acomodar las plantas, limpiar la basura del día anterior y sentarme a esperar al paciente.

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¡Carajo! ¡De verdad que estoy en búsqueda de algo que me haga palpitar, algo que me haga encontrar la diferencia en las calles de camino al trabajo, algo que me motive a pensar que la espontaneidad aún se encuentra en algún rincón de esta maldita ciudad, pero vamos! Eso no es labor mía, esa es labor de los artistas, quiero que los artistas salgan y muestren su arte en las calles, que dancen entre semáforo y semáforo, que canten en los techos y en los barrios, que la poesía suene en las sirenas de la ciudad, que los edificios sean pintados por manos artísticas.

 

Quiero más artistas como Santiago Mora, artistas que están hartos de esta monotonía exhaustiva, y mínimo intentan salir de la esfera de la rutina para expresarse en una pizca de diferencia con lo que respecta al cómo debe de expresarse el arte. 

Santiago lo intenta, de verdad que lo hace, colocar sus cuadros en una cortina de algún local en la ciudad, apropiándose del espacio como si fuese una sala de museo única e independiente, es un ejemplo de espontaneidad, de una transgresión pura frente a lo ortodoxo de una exposición artística. Intervenir con su pintura un local de telas donde jamás encontrarías pinturas sino más que telas, es ese detalle que me despierta la posibilidad de encontrar la diferencia ahí donde sólo hay imágenes repetidas.

Quiero que la ciudad no implique edificios y nada más, quiero más áreas verdes, menos autos, más pinturas menos rayones en las paredes de esos que dicen vulgaridades y tonterías adolescentes, quiero más arte menos protestas, más arte menos publicidad.

Todo esto me ha inspirado Mora, ha despertado esa chispa para derrocar aquella época en la cual la costumbre es el pan de cada día. El arte no sólo pertenece a los museos, incluso no sólo pertenece al artista, pertenece a todo, pertenece a los ojos y la experiencia del mundo. Santiago debería dar algunos consejos para que los artistas salgan y cuelguen sus cuadros en las calles, en lugares de la ciudad donde menos sea esperado, donde menos sea común.

 

Si lees esto Santiago, has hecho que quiera salir a gritar este texto y pegarlo en las calles, me has recordado un sueño que tuve donde cada calle de la ciudad estaba infestada por diferentes ramas artísticas; existían las calles de la poesía, las calles de la fotografía, las calles de la danza, del cine y de cada tipo de arte que existe. 

Creo que lo que Santiago comparte es un arte donde se engloba ideología, una ideología de salir a infestar la ciudad de arte, ya que esto impacta en la monotonía. ¿¡Te imaginas salir en ruta al trabajo o al hogar y encontrar un espectacular con un cuadro de Santiago!? Sería genial porque ahí descansa el arte de sorprenderte que no todos los días son iguales, con una mínima pizca que haga contraste con estos grises días en compañía de este monstruo citadino. 

 

¡Vaya! Demonios, ahora sí que me he exaltado, qué hermosa chispa de espontaneidad frente a la pantalla!, pero ya es tarde, tengo que ir a trabajar y vuelvo de golpe la realidad, tengo que levantarme, bañarme, tomar ese café insípido. Tal vez hoy pueda encontrarme con un mínimo detalle que haga de mi día no un día más sino un día diferente a los demás. 

Por: Diozoze

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Ludwig

Fare

Quiero ir, ya me quiero ir.

Santiago

Mora

DAMORA

Pedro

Trueba

Merezco algo mejor.