Detrás de cada obra, detrás de cada artista existe un deseo de conexión. Conexión con sus sentimientos, con el mundo, con el espectador, reducir la barrera que nos aleja a través de su obra. De esta forma podemos acercarnos al discurso que el artista nos quiere transmitir. Sin embargo, lo conectamos con nuestras propias experiencias, deseos y miedos, creando una unión entre el artista, su obra y nuestra propia vida.  Este deseo de conexión, está dentro de cada uno de nosotros, un deseo humano, que trasciende épocas, pero que en el mundo caótico, hipermoderno, y veloz en el que vivimos se añora aún más. El mundo actual es increíblemente solitario; entre millones de personas la soledad crece cada día más. Una soledad que no siempre es negativa, pero que es soledad, al final del día. 

A mi parecer, la obra de Silvina refleja este sentimiento de manera excepcional. Nos muestra espacios vacíos, repletos de luz, y con colores claros. Que transmiten un sentimiento de soledad, en algunos casos un poco más triste que otros.  Un contenedor en medio de la plaza, invadiendo el espacio en el centro de la composición. Colores brillantes en un objeto sintético que contrastan con el espacio natural en el que se encuentra, creando una sensación de soledad y no pertenencia. Una soledad llamativa, pero impuesta por el ser humano, aquel ser humano que decidió colocar este contenedor en el espacio. Sin embargo, también existe un sentimiento de paz detrás de esta composición. Dicha playa parece ser un símbolo de tranquilidad, pero no podemos apreciarla en su totalidad, ya que ha sido invadida por lo artificial.   

La obra de Silvina transmite una sensación de soledad dentro del mundo moderno. Me inspiran cierta nostalgia y deseo de compañía. Muestran una reflexión de los espacios en los que nos movemos, y la soledad dentro de estos. Como por ejemplo la obra de “Steam Café”, la cual me recuerda a la obra de “Nighthawks” de Hopper. En el espacio de una cafetería, sin ninguna persona a la vista, se respira el aire de paz y soledad. Sin embargo, a diferencia de la obra de Hopper, no se observa la tristeza de las personas, sino que es del espacio mismo. En un lugar donde debería de haber vida y conversaciones, tan sólo hay silencio.  Silvina elimina a las personas de estos espacios, preguntándonos por el rol que juegan dentro de estos lugares, como si los espacios hablaran por sí mismos y quisieran invitar al espectador a romper con este silencio, invadirlos y llenarlos de vida. Este sentimiento es visible en otras imágenes de la artista, donde el espacio retoma la importancia para mostrar esta soledad, poniendo en un plano más importante al lugar que aquello que sucede, o debería de suceder, dentro de este.  Otro gran ejemplo es “Drive”, donde se puede sentir el silencio y la soledad. Bajo la luz neón, la tranquilidad se impone.

 

La obra de Silvina me recuerda al arte moderno, pero desprovista del optimismo y la fe en la industrialización. Silvina muestra las consecuencias y en lo que verdaderamente se ha convertido el mundo. Un espacio que añora la humanidad y la interacción entre personas.  Una mano abierta que espera el contacto con alguien más, pero que cuando lo recibe es acompañada de presión. Lo cual nos invita a reflexionar sobre nuestro rol como humanidad dentro de este mundo caótico y solitario que añora la humanidad.

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SILVINA

ARTE & COTIDIANIDAD