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Por: Mirja Chavez 

Artista: Sirak

PEZ COME PEZ

Todos conocemos la icónica frase de Lilo-de Lilo Y Stitch, la película de Disney-después de llegar tarde a su clase de Hula: “Cada jueves le doy a Pato el pez, un sándwich de mermelada y hoy no hay mermelada y entonces mi hermana me dijo que le diera un sándwich de atún. No le puedo dar a Pato atún. ¿Tú sabes lo que es atún? ES PEZ, si Pato come pez sería una ABOMINACIÓN. Llegué tarde por ir a la tienda, por mermelada, porque solo había ese… ESE TONTO ATÚN”

Ahora que he crecido, me doy cuenta de que en realidad pez sí come pez, y que en muchas partes la idea de que una especie se coma a sí misma está mal vista. Nosotros como humanos tenemos leyes que prohíben explícitamente que un humano se coma a otro humano... ¿Cómo dijo? ¿Por? Ah sí… se me olvidaba que somos una especie pensante y esto es una atrocidad ya que viola la dignidad del ser humano.

 

Recuerdo que en la secundaria leímos en clase de Literatura Inglesa varias partes de “Una propuesta modesta para prevenir que los hijos de gente pobre sea un pesar para sus padres o para el país, y para hacerlo beneficioso para el público” de Jonathan Swift, aunque muchos únicamente conocen esta obra como “Una propuesta modesta.”

 

El objetivo de la clase era descubrir el contexto social a través de la narrativa del autor, las necesidades económicas de ese momento y claro, entender la corriente literaria.

Uno de los mejores textos que alguna vez haya tenido que leer para una clase, lo tengo muy grabado en mi memoria que raras veces sucede; ya que suelo olvidarme de los nombres de los autores y de sus obras.  Honestamente, quedé fascinada por la audacia que tuvo Jonathan al exponer sus ideas: absurdas, desafiantes, lógicas, irónicas y retorcidas. Me cuesta, personalmente,  declarar con suma convicción que algo es de mi agrado; él se atrevió, a pesar de las críticas que desencadenó en aquella época e inclusive actualmente, a decir que sería buena idea comer humanos y no sólo  cualquier tipo de humanos, niños.

La obra del artista Sirak, me hizo, no solo recordar este texto, sino toda la clase cuando se abordó la obra de Swift. Escuché como mis compañeros decían con gran asombro y con aires de sabiondos que eso era inhumano, que el autor seguramente había fumado opio, que no existe forma alguna de que alguien realice tal acto sin ser un monstruo y que, por lo tanto, él es un monstruo por proponerlo. Tenía miedo de que los demás compañeros voltearan a ver mi expresión de entusiasmo y al mismo tiempo, del descontento hacia todos mis compañeros; porque yo me propuse a imaginar cómo sería si se realizara esa propuesta en la actualidad. 

Imagine como sería en México: los puestos podrían ser quizá, un carrito, tipo donde se vende la nieve o un elote en vaso. Quizá funcionaria más en donde se venden carnitas y es posible elegir que parte del  cuerpo se prefiere: pecho, muslo, cachete, quizá el ojo; ¿eso se come con salsa verde o roja? Lo venderían todo listo para hacer una tlayuda o unos tacos, a la brasa, empanizado, o sin grasa para los que están a dieta; acompañado con lechuga, tomate, cebolla, frijol, arroz, limón y claro, con su chile para que amarre. 

En el año 1700, Inglaterra, así como la mayor parte de Europa, pasaban por guerras, la economía era y sigue siendo (además de una pandemia) hasta el día de hoy, inestable; bajo un sistema donde la única forma de sobrevivir es a través de la mano de obra.¿Cuál es la mejor manera para obtener mano de obra y que llegue toda al mismo lugar? Hijos… En ese entonces, las familias tenían hijos con la esperanza de que crecieran y fueran productivos para la sociedad, trayendo más dinero a un mismo hogar. No obstante, los hijos en su mayoría no pasaban de los 10 años por desnutrición, enfermedades, malos cuidados. Los padres, en consecuencia, tenían más hijos. 

Sí, tal vez Jonathan Swift fue un monstruo por proponerlo como plan de acción y yo sea un monstruo por imaginarme todo esto. Sin embargo, la verdadera monstruosidad es ver lo que pasa a nuestro alrededor en tiempos actuales, bajo la tutela del sistema neoliberal: individuos con ojos ciegos, oídos sordos, piernas inmóviles y una boca que no sabe expresar pensamientos y alternativas críticas. Somos monstruos constantemente porque no queremos comer pez, ni bebés, ni niños, pero somos excelentes  pisando los sentimientos de los demás aún cuando no es “prudente” hacerlo. 

ESCRITO POR: Mirja Chavez 

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