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ARTE & COTIDIANIDAD

“Fiu, fiu!” se escuchan los silbidos cada vez que una mujer guapa camina por las calles. “Me la como toda” escuchas a un hombre gritar. Te sientes incómoda, objetivizada y acosada. Pero no sólo es algo que te gritan en las calles. No paramos de escuchar como los feminicidios, la violencia de género y violaciones aumentan cada día. A veces parece que las mujeres vivimos en un mundo completamente diferente al de los hombres, como si tuviéramos que existir solamente para ellos, ya que es un “mundo de hombres”. Pero esa idea es completamente anticuada y patriarcal. Las mujeres no existimos para nadie más, que para nosotras mismas. No debemos permitir que el mundo nos silencie porque nosotras tenemos voz y no hay que tener miedo a usarla.

El cuerpo de una mujer es sagrado y delicado. Es como un jardín secreto al cual solo algunas personas pueden entrar, pero siempre con permiso y consentimiento. Es sensual, excitante y hermoso. Cada una tiene un jardín diferente, conformado de distintas flores y plantas que una decide, lo conforma. Por eso nuestro cuerpo es especial y no se le debe de faltar al respeto.

Hay tantas mujeres que han vivido violencia. No siempre es la misma violencia, puede ser física como los golpes, psicológica a través de insultos, entre otros y para mí lo que yo llamo violencia del alma, que es cuando se presenta ya una violación. Por años se vendió la violación como culpa de la mujer, escuchando “ella se lo buscó” o algo que tenía que ser extremadamente violento como se ve en las películas. Pero una violación no tiene que ser necesariamente así. Puede ser un amigo, un familiar o alguien cercano, alguien de quien uno no se lo espera, sin embargo, sucede. No tiene que ser violenta, muchas lo ven como un acto de amor, aunque en su interior saben que no están cómodas. Si una mujer dice que no, es no. No se insiste hasta que ella por fin cede, porque eso es coerción. Una violencia de este tipo te marca de por vida. Se pierde la confianza en la gente y no sabes si vas a sentirte segura otra vez. Sin embargo, se puede llegar a sanar poco a poco. Claro, muchas mujeres callan este trauma y no lo dejan salir, y entonces ¿a dónde se va este trauma?, ¿dónde va a quedar esta cosa que no fue nombrada? 

La obra de Vika nos muestra un camino hacia esas cosas que solo nosotras las mujeres conocemos. Ese estado de vida que es familiar solamente para nosotras. No hablo aquí únicamente de violación, sino a lo que una mujer vive por el hecho de ser mujer. Miedo, desconfianza, vergüenza, entre otra millonada de cosas. Este arte feminista no solo sirve para dar conciencia, sino que también para darnos cuenta de que no estamos solas. Que la sororidad está siempre entre nosotras y que como mujeres nos tenemos que apoyar porque si no, nadie más lo va a hacer. 

Vika nos recuerda que finalmente ser mujer no es fácil. Que tenemos retos día a día que vencemos para cumplir nuestros sueños en este “mundo de hombres” que los hombres no ven. Que muchas veces dejamos de ser fiel a nosotras mismas para encajar en ese mundo, pero que podemos encontrar un refugio en esas personas que saben lo que eso significa. Las mujeres entre nosotras nos cuidamos, sanamos las heridas y luchamos para que poco a poco  deje de ser un “mundo de hombres” y solo sea un mundo. El arte es la forma en la que Vika ayuda a esta meta, tú mujer, tú hombre, tú persona no-binaria, tú persona, ¿qué vas a hacer para que este sea sólo un mundo? 

SILVINA