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Obra: Meñ0 miranda

Texto: Daniela Guerrero

Jarabe para la tos

Una vez me di un pasón con jarabe para la tos. No es, ni mucho menos, el momento más orgulloso de mi vida. Como pretexto puedo decir que tenía temperatura, migraña, gripe y un examen al día siguiente. Obviamente también tenía tos.

Me choca cuando tienes que toser cada tres segundos. Respiras, respiras y toses. Tu cuerpo se convierte en licuadora. Te agitas por todos lados. Se arruinan un buen de cosas que estás haciendo, ¿qué tal que tiras tu sopa cuando la estás comiendo? Es molesto que la tos te interrumpa en cosas tan importantes como comer la sopa.

Al tomar jarabe, se va milagrosamente, al menos por un rato. Creo que recuerdo los primeros dos vasos de jarabe. Vasitos de los que vienen con la botella de jarabe, no vasos para tomar agua. Son casi del mismo tamaño ¿cierto? A lo mejor tengo un problema de adicción. 

Hasta pintó al perrito de la calaca y su amigo. Bien bonito con colita de serpiente y tres cabezas ¿esos perritos se consiguen en +KOTA? Siempre me distraigo con los perritos, cuando la verdad tenía que seguir hablando de las ilustraciones de Meño. Ya me cayó el veinte que detrás de la máscara hay otro que se oculta y bajo cualquier pretexto. Las personas suelen convencerse de que si se sobremedican es porque estaban muy enfermos; de que si el dolor era insoportable se tuvieron que sacrificar y echarse 20 porros; de que si estaba aburrido, y por eso vió cinco temporadas seguidas de Friends, eso si debe ser torturante. 

 

Aunque mi pensamiento no tenía la solidez para generar un análisis estético, las voces  me decían en mi oído: “¿Para qué sirven las máscaras? ¿para ocultarse de quien te mira? ¿para ser alguien más?” El problema de la máscara es que te acostumbras y puedes olvidar tu verdadero rostro. Como le llegó a pasar a Jim Carrey con sus personajes. O tal vez nunca te diste cuenta de que la traías puesta, y cuando te ves en el espejo piensas que es el reflejo de alguien más. No sé si eso fue lo que me pasó porque cuando la voz misteriosa, después de ser muy amable, comenzó a insultarme, decidí actuar como buen cristiano y le lancé un puñetazo. Con mis brazos de astronauta. Y le grité que se largara. Con mi voz afónica. La tos no se me quitó como en cinco días, ya se imaginarán cuántos jarabes tuve que beber. 

Tal vez es lo que les pasa a los alcohólicos, que ven una botellita pequeñita que les promete sentirse bien, y al final ya no recuerdan ni siquiera quiénes son. La gente siempre dice que se bebe o ingiere sustancias para sentirse bien, para entrarle bien a la fiesta, para sentirse alegres o para olvidar cualquier cosa. 

Como ellos, no recuerdo cuando tomé la segunda botellita de jarabe para la tos. De lo que sí me acuerdo, es que al día siguiente tuve que tirarlas, porque estaba tan vacía como mi memoria a corto plazo. Si me preguntaras que es lo que recuerdo, tendría que hacer un gran esfuerzo y probablemente serían dos cosas. La primera, que caminaba como astronauta. Mis brazos y mis pasos eran lentos. Probablemente, movimientos exagerados porque después me di cuenta que había tirado la mitad de las cosas de mi habitación. 

Y la segunda es que alguien, me habló. Lo oí clarito en mi oído izquierdo. Me decía que no valía nada. Al parecer, hay muchas voces brumosas que te hablan desde los cielos. Y ya que estamos en eso, se me hace que el artista, Meño Miranda, también se dio un pasón con jarabe de tos o con otra sustancia porque la sensación brumosa está ahí, clarito en sus ilustraciones. Pero a diferencia de las voces que rondan alrededor de mi cabeza, sus voces tienen cara de calaca flotante con algo que también tiene tentáculos y baba saliéndosele. Su calavera está molesta, seguramente porque se rompió. Chance y la cosa que me habló estaba igual y por eso el mal humor. No solo hay una calavera, también está un amiguito cornudo y colmilludo ,que recuerda un poco a las máscaras japonesas de demonios.