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Hola cariño, soy yo otra vez ¿Cómo estás?¿Enserio estás leyendo esto? Ok, no te preocupes, yo sé que no tienes cosas importantes qué hacer con tu vida, de hecho creo que nadie las tiene, por eso te escribo esto, porque yo tampoco las tengo.

  De todas formas tenemos que afrontarlo todos los días y fingir que no es así mientras nos ocupamos del aburrido quehacer cotidiano. Empecemos por ahí, salir de casa, no es algo tan difícil aunque muchos preferimos hacerlo con mucho más estilo que otros y no te ofendas, pero créeme, todos nos damos cuenta de que sigues usando la ropa que te heredó algún familiar después de años de uso, se nota en las manchas de cloro, los agujeros en las rodillas y los cortes exagerados que le hiciste para que se viera más “cool”.

    No seas NACO, mi amor. Atrévete a vestirte con algo más interesante que un puñado playeras negras con estampados estúpidos. Por eso hoy voy a platicarte de una experiencia insólita y extraordinaria que parece extraída de una de mis más oscuras pesadillas: una pasarela de ropa salida de la basura. Ya sé que suena súper estúpido, pero es que espero que después de mi relato lo pienses dos veces antes de ponerte “lo primero que encontraste”, te lo digo por tu bien, porque te amo.

De cualquier forma debo reconocer que se esforzaron por presentar semejante basura en el marco de un evento llamativo, pues entre las luces, música y algunos tragos logré mantenerme en ese lugar hasta que la catástrofe comenzó. Iluso, creí que al igual que una pasarela convencional solo debía aguantar el ridículo de los niños, pero para alargar mi tortuosa noche salió el Editor a decir unas palabras. Se notó que el pobrecillo tenía mucha hambre porque intentó comerse el micrófono mientras mencionaba que para él “NACO era aquel movimiento que genera la acumulación de elementos en la cotidianidad, aquellos que pueden convertirse en una expresión del alma cuando se juntan unos y otros, sobre otros que ya existían, y que después existirán”. A lo que yo interrumpí con un fuerte: “Ya bájate de ahí, pinche pulgoso”.

  Finalmente la muestra por la que todos estábamos ahí demostró ser exactamente lo que me imaginé, un conjunto de vestuarios que ilustran la gran distancia que nuestros tiempos han tomado en relación a otros pasados en materia de buen gusto y dignidad al presentarse en sociedad. Los colores vibrantes se contrastaron con la simpleza de la piel desnuda, el extraño monocromatismo con la transparencia de las telas, el absurdo de un pasamontañas con la utilidad de un bolso de mano. Una disparatada propuesta que difiere con cualquier cosa que encontremos allá afuera en las tiendas departamentales, en resumen, toda una NACADA.

  El autor de semejante locura salió a agradecerles a todos y yo agradecí a Dios que todo se hubiera terminado, pero qué odisea, ¿no crees, mi amor?. No me queda más que decirte DE NADA, por mi sacrificio al querer mostrarte las barbaridades que existen en el mundo y al mismo tiempo brindarte esta aguda reflexión que seguramente olvidaras en algunos minutos.

Con muchísimo amor para ti

El buen (m)Amador

Obviamente estaba ahí contra mi voluntad, eso me gano por aceptar semejante trabajo en una revista tan inculta como esta, pero siendo yo una persona tan propia y respetuosa, le tuve mucha tolerancia a tal manifestación que incluso se atrevieron a definir como artística. Llegué horas antes de que empezara el evento y la primera impresión al entrar fue de extrañeza, pues los únicos presentes para ese momento eran una docena de niños de entre doce y dieciséis años, pensé que estarían perdidos o asustados buscando a sus papás, pero cuando se empezaron a maquillar me di cuenta que eran nada más y nada menos que los modelos.

    Mientras se pintaban la cara y arreglaban el cabello, no pude dejar de notar la excesiva actitud despreocupada con la que actuaban, perdiendo el tiempo chateando o pegándose  piedras de colores en la cara los unos a los otros. Cualquiera procura ser cuidadoso con no exponer alguna apariencia vergonzosa de sí mismo a otras personas, tratando de evitar a toda costa la atención directa, pero nada de esto encontraba sentido en la actitud de estos chicos que en breve usarían atuendos escandalosos no solo para las personas que estábamos ahí presencialmente sino para todas las redes sociales y los medios de difusión indignos. No encontraba motivos suficientes para ponerme en su lugar, pero ahora que lo pienso me pregunto cuánto les habrán pagado ¿será que el mundo es para los desvergonzados, tesoro?