Texto: Gustavo

Artista: Vika Álvarez

El método de dibujar.

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Desde que era pequeño, mis experiencias iban acompañadas de sufrimiento. No estoy orgulloso de ello, me hubiese gustado ver la vida de otra manera, teñida de diversas emociones para que no pesaran tantos los recuerdos de tristeza. A mis 29 años, esas experiencias se han ido modulando. Cuando el sufrimiento es visto desde la sátira o la comedia, se aligera un poco y en apariencia, tanto para los otros como para consigo mismo, se da a entender que los problemas se diluyen y se superan. Cada persona tiene una función muy particular para aligerar las experiencias y los recuerdos. En la mayoría de los casos, es insuficiente o imposible. El dolor se queda impregnado en la piel, y aun así, cuando se piense que un conflicto ha sido elaborado, persiste la evidencia, es decir, la herida. Si las heridas fuesen marcas reconocibles en la piel, muchos de nosotros necesitaríamos más piel para que se asienten y habiten en la piel. Probablemente sería más sencilla la vida si cada de uno de nosotros pudiera reconocer las heridas del otro, pero no es así. 

En tiempos recientes, existe una tendencia a pensar que las heridas u conflictos  son “malos”, “peligrosos para la mente y el cuerpo” y por tales motivos habría que eliminarlos, es un prejuicio bien alimentado por la sociedad  ¿Qué acciones tomar? Los individuos nos vemos tentados a buscar soluciones rápidas y vaya que hay una variedad de opciones: desde las terapias alternativas (Flores de Bach, Reiki, Tarot) hasta los medicamentos proporcionados por los profesionales de la Salud como si se trataran de dulces que se venden a granel. Por fortuna, las soluciones rápidas tienen efectos momentáneos, irremediablemente, el malestar regresa con la exigencia de ser escuchada. Las heridas no surgen de forma espontánea, permanecen ahí por tiempo indefinido. La misma exposición permanente de los conflictos es, a pesar del malestar que produce, una oportunidad de intentar comprenderlos. Ahí nace la pregunta obligada: ¿cómo se comprenden los conflictos? El ser humano, debido a una profunda necesidad inherente, ha inventado distintos métodos. 

Tengo recuerdos de cuando tenía siete u ocho años, era de mañana y estaba a punto de ir a la escuela. La secuencia  que se me viene a la cabeza son como si fueran fotografías captadas por una cámara Kodak. En ellas, veo a mi padre apuntando con su dedo su frente sangrada. Mi madre tiene una expresión de incredulidad y de miedo. En la siguiente fotografía, mi madre le está limpiando su frente a mi padre en el lavabo. Sigue siendo un momento tenso, la camisa de mi padre se ha arruinado, la gotas de sangre le llegan a sus zapatos favoritos. En la última fotografía, mi madre mira la puerta de la casa entre lágrimas probablemente porque mi padre se había marchado enfurecido. Quizás, en ese momento no sabía el contexto de la situación pero de lo que sí estaba seguro era que mis padres habían tenido otra de sus recurrentes peleas que me había tocado presenciar.  Después de cada pelea, me iba a mi cuarto y me encerraba, no quería saber de ellos, lloraba a solas. Era entonces que de manera casi automática, buscaba entre mi caja de juegos mis muñecos preferidos y los ponía en la cama alrededor de un cuadro imaginario. Inmediatamente se convertía en un escenario con una historia: dos bandos, los buenos contra los malos que luchaban hasta que uno de los dos ganara. Hacia el final de la batalla, los personajes encontraban una “solución” y todo había terminado por la paz. No es difícil deducir que esa historia se trataba de mi fantasía de que las peleas de mis padres terminaran en paz. La cuestión radica más bien en el método que tenía yo de niño, y en general todos los niños, para tratar de elaborar un conflicto que se trata ni más ni menos que el método del juego. 

El “Taller para curar tu corazoncito” de Vika Álvarez se impartirá en dos sesiones: 18 y 19 de Enero de 11 a 2 de la tarde, en el espacio: Invernadero. En la Nueva Santa María, Azcapotzalco, CDMX. Si deseas más información, envíale un mensaje al Editor ya sea por Instagram o Facebook. 

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Es también en el proceso del dibujar- es ahí donde entra la labor de Vika Álvarez al impartir el “Taller para curar tu corazoncito”- que el ser humano, sobre todo el niño, explora en torno al juego  la elaboración de conflictos que nos aquejan. Desafortunadamente, de a poco, vamos perdiendo el hábito de jugar o también las academias de arte se encargan de sistematizar la creación hasta que se vuelve un proceso pragmático e idealizado. En el dibujo no sólo se ven implicados los conflictos personales, también es una alternativa hacia las luchas sociales y culturales. Recientemente, ha habido una ola de artistas que se han alzado en protesta contra la violencia de género en México y Vika Álvarez es una de ellas. Los métodos artísticos para la exploración de conflictos no llevan a una respuesta o a una “solución mágica” pero si son herramientas para iniciar el camino de curar tu corazoncito roto.